lunes, 17 de febrero de 2020


El Miedo a la Libertad en la práctica científica




No puedo dejar de compartir unas reflexiones que me han surgido a partir de lo que ha pasado en un programa de investigación, pero que es extensible a todo el CRIM UNAM. Hace muchos años Erich Fromm, un psicoanalista que trabajó en Cuernavaca, publicó un libro que llamó el miedo a la libertad que me hace pensar en lo que pasa en nuestro trabajo. En el programa de estudios regionales dos compañeros propusieron que sometiéramos nuestros trabajos a criterios formales para hacerlos “más científicos”, que redactáramos y publicáramos bajo un formato que conocemos que exigen las revistas de las ciencias que trabajan bajo la lógica experimental y de las matemáticas, en la idea de que eso iba hacer “más serios”, “más profundos”, y sobre todo “más científicos” nuestros trabajos. Como si la cientificidad de un trabajo estuviera en el formato de presentación del mismo y no en la argumentación de la formulación de la pertinencia del tema y de las prácticas y procedimientos a realizar, además de la pertinencia misma de los objetivos de la investigación. Con 35 años de investigación aplicada a cuestas, 10 años trabajando directamente en proyectos aplicados en campo para instituciones públicas estatales, federales e internacionales (PNUD, Banco Mundial, UNESCO) y 5 en la iniciativa privada haciendo consultorías para el mismo tipo de instituciones y para empresas privadas, al principio no le di importancia a que los compañeros quisieran adoptar el formato que quisieran. Pero el problema es que querían hacerlo obligatorio para todos los miembros del programa lo cual me parece un verdadero despropósito: basta ver mis libros y ensayos aplicados al desarrollo local y regional de Tabasco y el sureste -que han servido para hacer planes de gobierno y diseñar política pública desde las instituciones mencionadas y sobre por cuando menos dos administraciones estatales de Tabasco y algunas comunidades locales-. Mi criterio de objetividad y pertinencia, ha sido precisamente éste: su traducibilidad en políticas públicas y prácticas sociales (un libro publicado en 2003 y un ensayo que se publicaría en 2009 fueron discutidos personalmente con el gobernador y el secretario de gobierno para elaborar los criterios de acción para la reconstrucción tras la inundación de 2007). Incluso una de las razones por las cuales tardé mucho en acabar mi tesis doctoral fue porque ya había sido “usada” para resolver negociaciones entre la comisión federal de electricidad, Pemex y los campesinos Yokotanob de dos municipios de Tabasco (Nacajuca y Macuspana) y en 2011 mis trabajos fueron utilizados para resolver una negociación entre la CNDH, CONAGUA, el gobierno de Tabasco, la cámara de diputados federal y una agrupación de 60 pueblos indígenas respecto a las obras y acciones de prevención de inundaciones (el antecedente es que para evitar que se inundara Villahermosa, se inundaron “preventivamente” los pueblos indígenas en 2008, 2009, 2010 y 2011). Después de la negociación -aún cuando no se han realizado todas las obras acordadas- no se han vuelto a inundar ni Villahermosa ni los pueblos. Hasta podría mencionar un dossier inédito que elaboré con técnicas de historia oral y local que sirvió para rescatar a 130 perros que el gobierno de Graco le secuestro a una ciudadana de Tepoztlán. Es mi personal convicción que la actividad científica ha de servir para salvar vidas y defender las condiciones de vida y la propia vida en sí misma dadas las contradicciones del Antropoceno en que estamos viviendo, o si no, no sirve para nada.

Es decir, que cuando los compañeros me dicen que la prueba de que los trabajos son científicos es ordenar la información en capítulos que dicen metodología, materiales, experimento, disertación, conclusiones, no tengo idea de que me hablan porque como regionalista trabajo con paisajes (o sea historia), medio ambiente, culturas, procesos materiales (economía), ciudades, pueblos, grupos sociales, instituciones y finalmente personas. Es decir también, que como estudioso de ciencias sociales y humanidades trabajo con personas tanto como con conceptos: con seres que piensan, hablan y producen su propia realidad mediante procesos intelectuales que siempre son imaginarios y discursivos, y en su nivel y forma pueden ser contradictorios y conflictivos. Y que es a través de esta dimensión -la subjetiva- que interactúan en los complejos procesos que estudian la cultura y la política.

Por lo tanto no basta con observar sino también debo escuchar y en última instancia dialogar con seres exactamente iguales a mí para no actuar en una mera relación de fuerza o como lo define Bourdieu de “violencia simbólica”. Como regionalista, además la “complejidad” se me impone: respondo a una necesidad o problema social y como resolverlo, incluyendo como comunicar o poner en práctica las soluciones y por lo tanto no parto de una teoría de la economía, de la sociología, de la geografía, de la ecología, de la historia, de los estudios culturales, de la ingeniería, de la ingeniería agronómica, de las ciencias de la comunicación, de la ciencia política o de ninguna disciplina en particular; y sin embargo, me veo obligado a estudiar y aplicar conocimientos y técnicas de todas estas para encontrar propuestas de alternativas para los problemas en el territorio definido y con los grupos sociales involucrados. Y tengo el nivel agregado de complejidad del diálogo ya mencionado y además el nivel de que hemos superado en el siglo XX la era de creer que la realidad es lo que vemos: sabemos que es lo que nos hacen ver nuestros instrumentos tanto técnicos como conceptuales, por lo que ninguna investigación está completa sino hacemos la reflexión o la crítica de los mismos. Si me apuran, yo diría que más bien “la cientificidad” de cualquier trabajo está justamente en su capacidad de hacer esto último.

          Que me digan 35 años después de esta experiencia que la “cientificidad” o la “pertinencia” o la “utilidad” de mis trabajos dependen de su forma de publicación o de redacción del informe de la investigación realizada me deja boquiabierto. ¿Hacemos ciencia para aportar propuestas de solución y acción frente a necesidades colectivas o sociales, o sólo para publicar en determinadas revistas?

Pero entiendo que me están hablando de otros “mundos” y “otras prácticas”. Muy bien, me parece bien que a distintos problemas o dimensiones se la hagan distintos planteamientos y se le apliquen distintos procedimientos y se presenten de diversas formas escritas, digitales o visuales, según la mejor opción del caso. Más aún que ahora las tecnologías nos invitan a la creatividad para alcanzar distintas formas, profundidades y alcances de comunicación. Y la cuestión de la comunicación y comunicabilidad es cardinal.

Eso es lo que yo entiendo como multidisciplina y tengo la suerte de estar en un centro multidisciplinario que entonces, desde su propio nombre está abierto a la creatividad y la búsqueda bajo el rigor lógico de que se haga una propuesta metodológica específica para cada proyecto o investigación y haya un apego al mismo, pero que obviamente, no puede ser el mismo para todos los proyectos, todos los casos, todas las investigaciones y todos los investigadores. Me pregunto más aún: ¿cómo se puede hacer investigación aplicada si se nos exige cumplir con 40 horas semanales de cubículo? ¿Cómo además cumplir con la docencia? ¿Cómo se va a verificar esto sin caer en un régimen que obligará a que los funcionarios -nunca suficiente personal para sus múltiples tareas- descuiden labores esenciales para vigilarnos?

          Pero volviendo al programa aunque extensivo al centro. Hay algo que no me explico. Justamente por lo expuesto arriba y por mi experiencia como secretario académico entendí que no se podía imponer un formato único para todas las investigaciones y todos los investigadores y que por eso el centro ha funcionado como márgenes de flexibilidad y criterios cualitativos que a 35 años de fundación del Centro no pueden cuestionar su eficacia (con los normales altibajos de una larga historia). Pero al mismo tiempo, en el caso de mi programa admito que me pregunté: ¿Cómo es que estos compañeros adquirieron la idea de que podían imponer su forma de trabajo a los otros que trabajan temas tan diversos y distintos? ¿Con base en qué? ¿Cuál podría ser la legitimidad para proponer eso? ¿Cuál podría ser la justificación? Yo no me imagino como o para qué imponerle un formato a quien investiga temas tan diferentes a los míos. Como lector de Foucault entiendo que existe el control pero nunca he entendido la voluntad de controlar.

          De buena fe uno de ellos me explicó que porque esos son los criterios que imponen las revistas “científicas” y que nosotros vivimos de publicar en ellas y que sólo así podemos justificar nuestra productividad (¿y por ende nuestra vida es productividad?, me pregunté). Bueno, varios de los compañeros del programa jamás hemos publicado en esas revistas científicas. En 23 años en el CRIM jamás he publicado en una de esas revistas y mis propuestas se han llevado a la práctica por una diversidad de actores sociales.

          Pero este criterio es preocupante porque significa renunciar a la autonomía en una Universidad que en su nombre lleva el concepto. Es decir, que renunciamos a nuestra propia capacidad de decidir en nuestras propias instancias y entre nosotros sobre las condiciones y formas, y en última instancia contenidos, características y sentido de nuestro trabajo y le cedemos la potestad a quienes decidan las políticas de tales revistas. Es decir, que de manera colectiva nos declaramos incompetentes para tomar las decisiones radicales sobre nuestros trabajos. Y yo me pregunto si luego de renunciar a decidir, deliberar, reflexionar sobre estas dimensiones de nuestro trabajo seguimos siendo científicos o pasamos a ser sólo aplicadores. Y no tengo nada contra los segundos porque así me gané la vida mucho tiempo, pero al ingresar a la UNAM me dí cuenta de que aquí gozamos de la autonomía que nos permite deliberar y decidir sobre estos temas, y además, tal y como debe de hacerse, en una permanente deliberación. Y que esta situación genera al mismo tiempo una mayor responsabilidad que la que tienen quien sólo sigue formatos establecidos. Además de que justamente la capacidad de entender, actuar, reflexionar sobre las formas, los contenidos y los objetivos de una actividad de conocimiento, es lo que separa a los técnicos de los científicos.

          Es posible que por mi experiencia laboral anterior éste tema me resulte más evidente que a compañeros que sólo han tenido vida laboral académica y que por eso no pueda yo entender esa voluntad a renunciar a la libertad, que en términos universitarios llamamos autonomía: podemos decidir, que y cómo investigar y cómo presentarlo, siempre en permanente deliberación, pero en las instancias de nuestras propias dependencias y no sólo obedecer directrices decididas por gente desconocida en otro momento y en otro lugar. Y al mismo tiempo, dada la exposición que estamos teniendo a la perspectiva de género con problemáticas que tienen ahora en vilo a nuestra universidad en conjunto, no se me esconde que el cambio que proponen los compañeros se puede explicar fácilmente a la luz de ésta: pasar de una práctica flexible y fluida autorregulada (femenina), a una rígida y estática regulada por una instancia externa superior (patriarcal). En el primer tipo de ambiente tenemos que nadar permanentemente, esforzarnos siempre. Si las cosas no salen es nuestra responsabilidad absoluta. En el segundo basta acomodarnos en un lugar para quedarnos parados, sentados o acostados. Si las cosas no salen es responsabilidad de los directivos, jefes, árbitros externos o papás. Además de que nos reclinamos sobre el formato recibido en lugar de tener que esforzarnos en generar el específico para el problema o tema estudiado en las condiciones del problema y la relación que el investigador puede establecer con él. Y en el mismo sentido, no tengo nada en contra de que se realicen proyectos para obtener financiamiento: cuando menos por cinco o más años fue mi manera de sobrevivir antes de ingresar a la UNAM. El problema es que cuando enfocamos toda nuestra actividad a proyectos por financiamiento perdemos autonomía institucional o personal a distintos niveles según el tipo y fuente del mismo, pero en la mayoría de los casos, quien decide al último es el llamado “usuario” o quien redacta los famosos términos de referencia y dejamos de preguntarnos y buscar y ver cosas por meramente cumplir con los objetivos señalados, lo que claramente constriñe las posibilidades de originalidad, descubrimiento o replanteamiento (era claramente el caso de los financiamientos por fondos mixtos de conacyt en el sexenio anterior, en el caso de turismo la aprobación tenía que venir de un hotel y restaurante y el presidente municipal, por ejemplo). En el mejor de los casos hay que forcejear para que lo que se financie sean nuestros medios y objetivos y no los del financiador.

          Y en el mismo sentido, ahora que se propone lograr la multidisciplina generando plazas desde la conjunción de dos programas de investigación, la experiencia inmediatamente nos ha demostrado que no puede ser algo que resulte o se resuelva en el corto plazo y menos en una sola reunión. En el caso de la reunión del programa de Estudios Regionales con el de Socioambientales la convocatoria a la plaza resultó ser en realidad una convocatoria como las de siempre de Estudios Regionales, que resulta ser un retrato hablado de lo que ha sido el trabajo de la mayoría de los miembros de este programa que justamente tienen como espacialidad: las ciudades -y sólo las ciudades- de la zona central del México, y la única diferencia es que se plantea una nueva pregunta que involucraría al medio ambiente. Pero sin embargo, a la hora de señalar las especialidades de origen de los concursantes, consecuentemente con la exposición de la temática, se piden textualmente “urbanistas”, lo cual es adecuado, pero no cumple con una idea de multidisciplina y menos de integración con el programa medioambiental. De hecho, con la manera en que está redactada la temática a tratar, conociendo personas que se están dedicando al tema de cómo se están adaptando las ciudades al cambio climático pensé inmediatamente en arquitectos. Y luego recordé que justamente el coordinador del programa de estudios regionales es un arquitecto. O sea que no basta una reunión ni es viable como objetivo a corto plazo por decisión administrativa la codefinición de nuevas plazas entre dos o más programas de investigación cuya integración o suma, además no fue decidida ni en función de la temática o problemática de trabajo ni por propuesta de los miembros de los mismos programas. El objetivo puede ser pertinente sin duda alguna, pero sólo tiene sentido si se da como resultado de un proceso de mediano plazo de interacción entre los programas.

          Y en este caso, por ejemplo, luego de que el director del Programa Universitario de Estudios de la Ciudad visitara el CRIM y expusiera de que se trata el Programa a los miembros del Programa de Estudios Regionales quedó claro que aquí hay una oportunidad justamente para lograr este objetivo. Ahora que sabemos de que se trata el Programa, cómo está organizado y las temáticas y acciones en las que nos invita a participar, resalta que es necesario que dicha invitación no corresponda solamente al programa de estudios regionales por el interés que tiene el programa en estudios culturales (patrimonio y convivencia) y ambientales, cuando menos. Es decir, que habría que incorporar a todo el CRIM a este tipo de exposiciones de los programas universitarios, que justamente ya están trabajando multidisciplinariamente y en donde cabe la oportunidad de presentar actividades o proyectos que conjuguen de manera práctica la interacción entre los programas. En este caso, máxime que la definición de este programa no es exclusiva sobre la ciudad de México como creíamos algunos, sino que es genérica sobre todas las ciudades, por lo que caben estudios aplicados sobre la ciudad de Cuernavaca, por ejemplo.





          Sin otro particular y pidiendo por adelantado una disculpa por no entender la prisa por abandonar la libertad y la necesidad de controlar a los otros, les extiendo cordiales saludos.

domingo, 26 de enero de 2020


Otro Círculo del Infierno: la bodega de los libros podridos.






Para quienes son bibliófilos de toda la vida, una biblioteca o incluso una librería es un bosque. Es un organismo vivo. Uno aprende a identificar los infinitesimales y muy lentos movimientos de los libros en los entrepaños, e incluso aquellos violentos que provocan los temblores, que incluso seleccionan algún libro para tirarlo al suelo y llamar así la atención sobre su olvido. Los títulos y temas son como colores, hojas o incluso posibles aves que miman en todo el laberinto original de los árboles del que todo proviene originalmente. Una biblioteca es un bosque transfigurado, un bosque civilizado con todas las connotaciones posibles, negativas y positivas que puedan imaginarse. Pero para quien lee y ama los libros, no le queda duda de que una biblioteca abierta es un organismo vivo en donde se sumerge y se hace parte el que lee. Cuentan los anales de psicoanálisis y otras terapias de muchos casos de personas que pensaban a las bibliotecas como miembros orgánicos de su ser y su cuerpo. Y además las bibliotecas lo son por exceso, no hay nada como una biblioteca acotada, organizada y limitada. Eso sólo lo puede creer alguien que no lee. La naturaleza de las bibliotecas, como de toda pasión es desbordarse, y quien tiene una biblioteca sueña y apuesta por el infinito. Sabe que como el Aleph de Borges, es una ventana al infinito o no es una biblioteca. Y el infinito no puede tener límites ni formas, ni apegarse a reglamentos o instrucciones. Es el gozo o no es nada. Y como el placer, desborda siempre. Sólo así puede existir.

          Pero una bodega de libros no es eso. O son una biblioteca latente, o son un cementerio. Pero un almacén de libros abandonado es un cementerio. Más aún, si está de alguna manera abandonado a la intemperie por una ventana abierta o rota o algo así, es algo peor. Es un cementerio abierto. Los libros no sólo mueren sino que se pudren.

          Hace poco le escuché por alguna anécdota con el tráfico de la ciudad, a un compañero ciclista la expresión de un “círculo del infierno que se le olvidó a describir a Dante”. No pensé que me vería muy pronto pensando la misma idea. Confrontar la tarea de limpiar un almacén de libros podridos por el tiempo, la lluvia, el polvo, la contaminación, etc.; libros ya deformados, que han vuelto a su condición original de mera pasta de celulosa, pero ahora ennegrecidos como las manos de los muertos (no sé porque pensé eso), me hizo pensar eso. Hundir los pies en esa masa pastosa como de pastel, donde apenas asoman los rebordes todavía duros de las pastas y alguno que otro bloque blanquecino de páginas de los que fueron libros, hundir las manos para recoger los bloques, grumos, pedazos informes en un estado que no es ni líquido ni sólido. Y sí además, se trata, de buscar documentos para completar un trámite de información sobre un pariente muerto, se vuelve una tarea que sólo puede ser entendida como eso: un descenso a un nivel no descrito antes del infierno, o el trabajo de un arqueólogo que sueña con rescatar la biblioteca de Alejandría o los viejos códices mayas que puedan estar ocultos en alguna cueva anexa a un cenote bajo una pirámide no explorada, o enterrados bajo el fogón de una casa tradicional de barro, jahuacté y techo de guano.

          La memora trae a cuento el poema de Pessoa y queda entonces la alternativa del viejo aficionado a la alquimia que recuerda que de la podredumbre se origina la vida, solve et coagula, todo necesita podrirse para renacer, transfigurarse. Hasta Cristo tuvo que esperar tres días para manifestarse. Sigamos el ejemplo de Michel Foucault y hagamos arqueología.



P.D. Sí encontré los borradores de dos leyes escritos por mi padre. Al final las leyes las termina redactando un oficinista, documentalista avezado y minucioso que no recibe por ello ningún crédito y se conforma con cobrar la quincena con que mantiene a su familia aunque el reconocimiento lo cosechen los académicos y los políticos.



P.D. Pero entonces el infierno, no es para nada ese lugar que describen los católicos y los cristianos, mucho menos un lugar de calor y fuego donde claman las almas penitentes, sino, como en el sentido de los romanos, un lugar más parecido que otra cosa a un pantano húmedo, frío, obscuro y lleno de miasmas como aquel en donde habitaba el perro de los Baskerville, pero que los latinos consideraban hogar de seres que llamaban larvas.

sábado, 28 de septiembre de 2019



“A child weaned on poison considers harm a comfort.”

-Sharp Objects (2018) dir. Jean-Marc Vallée





Totalmente cierto. Me ha tocado vivirlo cuando no puedes ayudar a alguien a salir del ambiente familiar de violencia en el que creció. Le falla el sentido de supervivencia y bienestar, el instinto de huir del sufrimiento que nos debe de guiar como seres culturales, sujetos autónomos que somos los humanos. Uno de los mejores maestros de psicoanálisis en Mexico me tuvo que explicar como todos mis esfuerzos fueron inútiles porque contra lo que quisiéramos creer, la violencia une. En la familia violenta se destruye el núcleo instintivo que nos llevaría a huir del sufrimiento. Y la permanencia del sufrimiento se convierte para el violentado en “pertenencia”. Quien huye del sufrimiento tiene que tener la fuerza para sentirse “solo” y ajeno a ese sistema de sufrimiento y violencia que es su familia. Y con tal de no sentir la soledad encuentra comfort en ser lastimado y en lastimar. por eso, cuando hay que optar entre padres, siempre se escoge al castrante y violento y no al que ofrece amor, buen trato, respeto y al final libertad. De eso se habla cuando se habla a la mexicana de “familias muegano”.

lunes, 23 de septiembre de 2019





Coincides en el estacionamiento con la exuberante vecina.
Inician platica y van descubriendo que tienen cosas en común, cómo los gatos, los libros y los hijos, 
que la diferencia de edad no es tan amplía como pensabas. 
De pronto, cómo es que esto siempre ocurre, se va la luz, y se quedan a obscuras entre los coches. 
Descubren un cielo de obscuras nubes de formas caprichosas y una luna brillante sobre la sombra de árboles y palmeras. 
Se despiden con un abrazo que junta el calor de las pieles y enreda los contornos y las formas de lo masculino y femenino.
 Y cuando el contacto resbala hacia un inevitable beso una niña grita desde el edificio: se fue la luz mamá! 
Te retiras a tu puerta con el cuerpo palpitante trastornado por el calor de sus pechos. 
Sabes que no podrás dormir esta noche y que no habrá electricidad para ver la televisión o leer. 
La cálida noche es larga y obscura.

miércoles, 3 de julio de 2019

 
Yo Tonya, techo de cristal? No, techo de cemento. Lo que las feministas no quieren ver.

A lo largo de muchos años de trabajo tanto desde la experiencia como empleado público como desde la observación en la práctica de investigación y en la propia vida cotidiana, que siempre impone una perspectiva muy específica, me ha tocado ver situaciones y experiencias de vida de mujeres donde se materializa, casi siempre de manera brutal las limitaciones extralegales para mejorar sus situaciones laborales, jerárquicas, reconocimientos o participación social contrarias a la creencia en una sociedad moderna democrática en donde supuestamente tanto los empleos, las promociones y los reconocimientos deberían de obtenerse vía la competencia y la demostración de capacidades sin importar la identidad étnica, de género o de esa categoría cultural-económica que son las clases. Con base en esto y trabajando en el medio académico y científico de las ciencias sociales donde sí se ha logrado en lo numérico la equidad de género, se han generado posiciones y grupos de poder e influencia con éxito formados por mujeres (no siempre necesariamente feministas), y donde por muchos años he trabajado tanto con feministas como con especialistas de diversos géneros en estudios de género, durante años ha tratado que este tipo de especialistas se interesaran en cierto tipo de historias de vida que muy claramente demostraban este tipo de situaciones y siempre, sin explicaciones, he recibido negativas. No les interesa. No lo había entendido. Como que había un punto al que no quieren llegar, en parte por un defecto congénito de un tipo de práctica científica en la que no se estudia aquello que no se apegue a una teoría existente específica, pero por otra parte, tras ver la película producida por la actriz y protagonizada por la actriz australiana Margot Robbie me quedó claro: contra la teoría de estudios de género llamada “Techo de Cristal”, que explica como de manera soterrada y silenciosa se ejerce una presión social e institucional para impedir que las mujeres lleguen a puestos directivos tanto de empresas como instituciones por ser mujeres, en historias de vida como la de Tonya Harding lo que hay es un “techo de concreto”, que es la limitación conjunta no sólo de género, sino de clase. Una situación donde confluye y se suman las limitaciones estructurales de culturas de género específicas de las diferentes clases involucradas en cada proceso, con el precio o cierre que imponen las relaciones interclasistas específicas del caso. En la película queda clarísimo y se explica explícitamente el rechazo a Tonya porque quiere participar, competir y ganar solamente por sus capacidades técnicas pero manteniendo su identidad de clase e individual producto de la dureza real de la vida competitiva de la clase trabajadora estadounidense. Tiene que aprender a adaptarse a una imagen que encubre la violencia real efectiva de la sociedad en que vive y adoptar una que simula una situación idílica, ideal tanto sobre el proceso de competencia, los procesos reales de su sociedad, y sobre el ser mujer. No se trata sólo de competir, sino que si superó -por los esfuerzos y sacrificios- los costos de entrada a la competencia (que normalmente, en la vida real están cerrados si no por reglamentos explícitos, si por formas sutiles como precios de ingreso a los espacios o exigencias de instrumentos necesarios con formas de distribución controlados o precios artificialmente manipulados) tiene que sumarse al esfuerzo de simulación que sostiene al propio sistema como imagen (sobre esto les recomiendo revisar el libro de Guy Dubet La Sociedad del Espectáculo). De ahí entendí porque las feministas y las especialistas en estudios de género jamás reportan los casos reales que les recomendaba: porque son casos en donde la exclusión y represión no es sólo como un efecto de políticas o culturas de género o étnicas, sino que exhiben descarnadamente que cuando se trata de clase, el techo no es de cristal sino de concreto, y por las propias estructuras de control del trabajo académico, científico, llámense evaluaciones y comités editoriales, es de interés institucional encubrir el conflicto de clase. A lo que en muchos casos de especialistas de género y feministas se agrega una práctica en la que para “reforzar” su perspectiva y teorías (no es capricho, se traduce en presupuestos) buscan no mezclar un problema de género con lo que ocurre en la realidad: no existen casos puros, en toda situación real se mezclan procesos de diversas naturalezas. Así, debemos agradecer que la película I Tonya no se escribe ni desarrolla desde un teoricismo feminista, sino con un interés en mostrar el caso real incluso recurriendo a ciertas técnicas de hiperrealismo -se usan entrevistas verdaderas reactuadas por actores- dada la conciencia que los personajes verdaderos tienen del carácter mediático de la sociedad y de su condición de individuos aislados (losers, fracasados). Es interesantísimo como la verdadera Tonya se encuentra en un momento en que sin ningún objetivo más, sólo para meramente sobrevivir, pagar la renta y la comida- entiende que tiene que hundirse más, jugar el papel que le asignan los medios.

Temas que destaca la película:

1)    El juego de las afectividades, los chantajes afectivos locales y mediáticos,  una sociedad que funciona bajo el chanteje de la necesidad de “ser querida”.

2)    Los acompañantes de Tonya se toman en serio la competencia y aplican reglas y prácticas de su propio medio inmediato más la imagen que tienen (mediática) del mundo, sus ilusiones/delirios (en inglés delusions), para actuar: “he cambiado la historia”, y la prueba de ello es que sus acciones aparecen en los medios: logran la principal afirmación ontológica de la sociedad moderna.

3)    A Tonya, como mujer working class por un lado la jalan la cultura local de su entorno inmediato (todos quieren que triunfe por ellos, pero en realidad individualmente no quieren que sea mejor que ellos) con los vicios y violencia de su definición dentro de las modernas familias disfuncionales: hija propiedad de la madre; y como mujer: su relación con el marido. La hunde siempre su dependencia emocional de ambos medios y el rechazo del padre, que en realidad es defensa propia del padre de la violencia de la madre, que se ve obligado a abandonar a la hija al abuso permanente de la madre. Y luego, al intentar superar todo esto destacando mediante el patinaje, le piden que de una imagen de “normalidad social” cuyo esfuerzo en realidad la vuelve a hundir en el pantano del que quería salir.

4)    La madre es un personaje muy interesante porque tiene totalmente claro el precio y el medio para superar su situación de precarios, pero al mismo tiempo está reventada, destruida y tanto construye como destruye a su hija “para hacerla fuerte”, sabiendo que es la única manera en que puede competir y destacar (y "realizarse" ella misma a través de la hija).

5)    Llama la atención que siendo Margot Robbie una guapísima actriz como lo ha demostrado en películas como el Lobo de Wall Street, aquí aparece maquillada resaltando un rostro duro, cuando la verdadera Tonya, según se puede ver en los videos que reproduce la propia película tiene una cara y una voz mucho más dulce, que de hecho contrasta más con lo brutal de su historia. ¿Por qué hicieron eso en la película, ya sea el director o la productora-actriz? Porque curiosamente, cuando ocurrió el hecho real fue claro que se buscó polarizar las imágenes de la Kerrington como princesa de cuento y Tonya como camorrista, cuando en tanto en imagen no había tanta diferencia, y además, ¿por qué en la película no profundizan en la relación de amistad que la Harding dice que existió entre ellas, compartiendo cuartos de hotel y demás?




domingo, 14 de abril de 2019


Otro Caso para Me Too.

Un profesor de matemáticas y al mismo tiempo reverendo de veintitantos años, invitaba a las vecinas de sus alojamientos universitarios, 3 niñas, hijas del rector, a tomar té en su departamento. Las acompañaba en paseos dominicales en lancha por el río cercano a la universidad y aprovechando que era un excelente retratista de artistas, escritores y académicos, les tomó fotografías disfrazándolas de ninfas o de pordioseras. Las niñas le pedían que les hiciera trucos y les contara historias divertidas. A partir de una historia contada en un paseo en bote, escribiría dos novelas con una de las niñas como protagonista. Los libros se convirtieron en uno de los mayores éxitos de la historia. Muchos años después un príncipe se enamoraría de esa niña, aunque se casaría con un rico empresario, y años después, a los 84, una universidad de Estados Unidos le otorgaría a Alice Lydell un doctorado honoris causa por ser la protagonista de ambos libros. Fue recibida con una gran fiesta en el puerto de Nueva York y se le pidió que tocara la campana de Wall Street.
Afortunadamente eso no ocurrió en tiempos del Me Too o no tendríamos Alicia en el País de las Maravillas. Las cosas no son blancas o negras como en el tablero de ajedrez. Justamente hay un amplio espacio de intensidades en el que se desarrollan las personas sensibles, que no pueden ser entendidas por las personas burdas que si oscilan directamente entre los extremos.

lunes, 4 de marzo de 2019



El Exilio en el Corazón del Otro.

                                     

                                               Rodolfo Uribe Iniesta.



En primer lugar parece que el objeto de la vida es pasar hambre, emborracharse y embarcarse (para el caso da lo mismo)”

            Malcolm Lowry (PCP, p.98).



                     
                                                 



Lo primero que cabe señalar es la vigencia que tienen los autores que de los que vamos a hablar en esta mesa en nuestro país. Llama la atención que sus obras, especialmente las de Lowry y la de Greene tengan tanta aceptación frente a otras novelas sobre México escritas por extranjeros; quizás sea sólo por su gran calidad literaria, pero yo sospecho que hay algo más. Que lo que está detrás es la seducción morbosa por la visión del otro que en pleno rechazo o identificación –pero siempre honestamente angustiado- dice algo más sobre nosotros de lo que comúnmente queremos aceptar.

En 1938 se dio la mayor confrontación entre México e Inglaterra al decretarse la expropiación petrolera. Curiosamente ese año, se encontraban en México dos de los más importantes escritores ingleses del siglo XX: Graham Greene y Malcolm Lowry. Y diez años antes D.H. Lawrence había publicado otra importante novela sobre México. En el caso de Greene, quien además es periodista y acepta venir al menos en misión de la iglesia católica para investigar los excesos anticlericales, se sospecha que su visita tenía motivaciones políticas relacionadas con la cuestión petrolera, aunque tanto en su crónica como en su novela apenas menciona el tema. Pero lo interesante es que para los tres México vendría a significar una confrontación con sus más íntimas creencias y conflictos. Greene, aunque trata de mantenerse en un nivel político y existencial, no duda en iniciar Caminos sin Ley refiriendo situaciones de infancia y juventud que lo llevarían a intentar suicidarse en relación a las emociones que lo llevará a sentir el trópico mexicano. Sobre todo en referencia a la comprensión del otro, del diferente, del contrario. Un tema que de ahí en adelante regirá su obra. Lawrence avanza en la línea de reconocimiento y comunión con las fuerzas telúricas particularmente sexuales que más tarde expondrá luego revertidas en su natal bosque de Nothingham –exhumando tradiciones druídicas- en las tres versiones de El Amante de Lady Chaterley; y produce una densa novela que muestra el choque entre una inglesa histérica y un cristianismo telúrico-fálico que termina seduciéndola con su propio terror y haciéndola parte de un levantamiento, en un claro caso de sincronía de amor y política como un ejemplo del status nacenti que luego teorizaría Francesco Alberoni. Curiosamente, la histeria de esta heroína es muy similar a la real que describe sentir Greene en su propia crónica. Lawrence luego manejará un nivel de aceptación más pleno de la sexualidad  en obras posteriores como La Mujer que Vino a Caballo y Haciendo el Amor con Música y finalmente la ya mencionada Lady Chatterley.

Lowry, que llegó a México vía Acapulco un primero de noviembre, comienza a trabajar la primera de las cuatro versiones de Bajo el Volcán en 1936 (ver como lo cuenta en OCTYA, p.173) –aunque finalmente la ubica en 1938-, directa y profundamente definirá a La Mordida, o sea a México, como un paraíso infernal. El lugar de todas las posibilidades y todas las bellezas y al mismo tiempo de todas las infamias y todos los horrores.

En Greene lo que funciona es una inmanencia de vacío que tiene que ver con la falacia ideológica que encuentra tanto en los creyentes católicos como en los ateos, un vacío que se agudiza con el calor tropical y que no es el mismo que encuentra en Africa a pesar de que al principio quiere trasladar el Corazón de las Tinieblas a Tabasco. El Congo al Grijalva. En Lawrence es una mística que se presenta como católica, pero que en realidad es un sustrato terrible de un cristianismo nativo machista y violento que tiene todas las coloraciones del cristerismo jaliciense. En Lowry es directamente el paisaje y un tono fuerte de la vida y las pasiones que, a diferencia de los otros, plantea explícitamente la duda de si es inyectado por el propio autor o le es dado sólo por el entorno. Siempre hay el juego del infierno propio o el delirium tremends proyectado sobre el paisaje, y la afirmación por el propio paisaje de tal delirium o infierno con la materialización de mensajes, alegorías y símbolos a veces aparentemente inocuos o banales como el perro acompañante o abiertamente ominosos como la señora de la gallina; pero siempre al mismo tiempo irónicos, ambivalentes y equívocos.


Lo que hay de común en estos autores es que cada uno huye y critica su propia civilización inglesa como algo decadente básicamente por una mala calidad de la vida íntima, un lugar donde se niegan las emociones, se esconden. Donde no encuentran una vida plena. Paradójicamente Greene, quizá el más “inglés” de los tres, en este sentido, dice que en el trópico siempre algo está muriendo, pero declara venir a un país donde la política aún significa vida o muerte, pasión. Y aunque no utiliza la corriente de conciencia que exhibe al inconsciente generando el escándalo generacional iniciado por Joyce, instrumento esencial para Lowry, ni explora los deseos sexuales con la intensidad de Lawrence, finalmente su mayor interés está en la incongruencia siempre trágica entre las exigencias de los roles y el personaje concreto.

 Aunque al llegar aquí puedan aterrarse con lo que encuentran, o incluso, él que más gusta del país, Lowry, planteé justamente vía sus personajes la imposibilidad de permanecer o hacer algo de provecho en el paraíso – “Yet in the Earthly Paradise, what had he done?” le pregunta a Jaques Laurelle; y haga soñar a sus personajes con la paz (que él mismo finalmente buscó) de los paisajes de los desiertos fríos del norte en Canadá como bálsamo, incluso justo cuando Firmin se da cuenta de que será asesinado (UV,p 394). Lo importante en cada autor es como se maneja el contacto o choque. En los dos primeros hay un evidente susto y rechazo que se exalta en el caso de Greene, o se matiza y acepta como seducción en el caso de Lawrence. Greene directamente referirá el terror de ser absorbido, integrado en el paisaje. Se horroriza de encontrar que en Tabasco su nombre y su apellido son apellidos comunes de personas que él califica como mestizos y morenos cuya conducta tiene todas las agravantes que le encuentra al mexicano tropical, y que son señales de que seres como él fueron absorbidos por el medio. Describe como su peor pesadilla de las horribles tardes de siesta la visión de unas señoritas Greene dando vueltas por Plaza de Armas mientras él platica con un corrupto jefe de policía apellidado Graham. Lowry, por el contrario, se identifica y sumerge profundamente en la identificación y convivencia más profunda que puede con lo mexicano, y curiosamente, es el único que es rechazado por el sector oficial, siendo expulsado en medio de la más desesperante persecución burocrática de la policía mexicana. Claro que todas estas experiencias, crónicas y obras están atravesadas por distintas formas y niveles de identificación con las posiciones políticas dominantes en el momento. Lawrence abiertamente busca una condición esotérica profunda para justificar al movimiento cristero más allá de la disputa de la curia vaticana contra el Estado Mexicano. Tanto Greene como Lowry hacen referencias directas a la Guerra civil española, donde toman partidos contrarios, e incluso Greene usa este viaje para apoyar a franquistas y sinarquistas; mientras Lowry simboliza la esperanza con el interés del hermano menor del cónsul que participa en dicha guerra y en todos sus escritos denuncia el avance del sinarquismo-almazanismo. Es muy razonable pensar que Greene participó –aunque él no lo dice- en las maquinaciones del sinarquista Salvador Abascal en Tabasco que concluirán con la llamada matanza de “La Conchita” en 1939, cuando coincide clandestinamente con él en Villahermosa; mientras Lowry abiertamente se identifica con los agraristas, siendo un hecho central en su experiencia y en las dos novelas mexicanas, la amistad con uno de ellos, quien será, como explicaría luego a Jonathan Cape, el modelo al mismo tiempo para el Dr. García Vigil y Juan Cerillo y el personaje de referencia de Obscuro como La Tumba donde Yace mi Amigo. Y hay una conexión paradójica entre Greene y Lowry: Juan Fernando Márquez o Atonalzin (Day, p.264), el agrarista amigo de Malcolm será asesinado en un pleito de cantina en Tabasco y será enterrado en Villahermosa, como nos informa el propio Lowry (PCP, p.20). Márquez muere en 1939 cuando la restauración religiosa toma sus momentos más violentos con la eliminación física sin contemplaciones de los líderes obreros, intelectuales y campesinos del garridismo; así que no es imposible pensar que lo de pleito de cantina, sea, como casi siempre, en la historia de México, un eufemismo que el propio Lowry tomará literalmente declarando que Márquez muere por exceso de alcohol y cuya mecánica describe tan minuciosa y profundamente en el último capítulo de la versión definitiva de Bajo el Volcán.

En los tres autores el paisaje será mucho más que mero escenario, coinciden en que a diferencia de otros lugares, para ellos en México el paisaje es descrito o definido como la principal fuerza o potencia que determina la vida de las personas. No hablan simplemente de un fatalismo, sino de un sino definido por los impulsos determinados por los paisajes específicos, el marasmo tropical de los pantanos y la selva con Greene y no se diga ese continuum entre la Barranca y el Volcán de Cuernavaca, y la gruta-cantina (“El Farolito”) –como describe a Oaxaca- que compacta Lowry en su Quauhnáhuac literaria, rodeados por esa “Selva” simbólica tanto por el nombre topográfico de la ciudad real como por las implicaciones dantescas que le da a la novela; como la física en que pierde a Ivonne; y que al mismo tiempo es la belleza y el orden del Jardín que contrasta con la desazón interior y el delirium tremends del cónsul. Esta, sin dejar de ser una reconstrucción imaginaria, impresiona todavía hoy por la extensión y precisión con que describe a la Cuernavaca real. Pero en esta Quahnáhuac, que además define como un resumen de sus tiempos, lo particular es que siempre está a la vista al mismo tiempo el Volcán (la belleza, la majestuosidad y que además identifica a la Hawaiana Yvonne, descrita como mujer profunda, vivida, compleja, igualmente sufriente pero básica y finalmente hermosa, Jan –la primera esposa- la promiscua por sus acciones pero cubierta de la bondad y paciencia de Marjorie –su segunda esposa-; pero al mismo tiempo el volcán es sombra ominosa que en su primer cuento del tema equipara a Moby Dick (ver Day, p.245)), que la Barranca: “Quaunáhuac was like the times in this respect, wherever you turned the abyss was waiting  for you round the corner” (UV,p.61); mientras los personajes deambulan por una selva urbana que ya entonces describe –por ejemplo en el trayecto del primer capítulo de Jaques Laruelle del Casino a Acapatzingo- como un laberinto en decadencia poblado de fantasmas. De acuerdo con la descripción de la novela, del cine Morelos  hasta Humboldt, pasando por el zócalo y hasta la barranca de Amanalco es un jardín; y al oriente, cruzando el puente, Acapatzingo, su cárcel, la casa de Maximiliano (que al mismo tiempo son el Jardín Borda), la zona roja y arriba al norte, la colonia llamada “selva”, y de alguna manera hasta su Tomalín y Chapultepec-El Parián  son Selva. De hecho en el imaginario tanto del cónsul como de su hermano hasta la comida en Tomalín, aparentemente más allá de este lugar no hay sino el mar y las culpas que ambos dejaron en Europa. Y no es sino en la comida que aparece Tlaxcala en el delirium como otro lugar de escape para reproducir un pasado semejante a lo que fue Granada, España y para contraponerlo a la invitación de García Vigil a Guanajuato. Y se menciona Veracruz para separar a Hugh de Yvonne. No deja de llamar la atención que mientras Greene describe a Frontera como el Puerto atrapado entre carroñeros (scavangers), zopilotes en el aire y tiburones en el río, Lowry, entre otras cosas, califica a Quaunáhuac de ser dormitorio de zopilotes y ciudad de Moloch (Ibid.).

Mientras Greene y Lawrence tienen un rechazo crítico a la vida en su país, en realidad en ese momento están bastante bien situados en su sociedad y contexto –aunque posteriormente tengan que realmente exiliarse; mientras que Lowry realmente se siente expulsado desde antes por su condición de inadaptado. Pesa la culpa tanto de lo hecho como lo no realizado que en la novela reparte entre los dos hermanos, Geoffrey (el asunto del Samaritano) y Hugh (su fracaso como compositor, más aún como alguien que debería de destacar en esa sociedad), pero además, sobre el proyectado alter ego de La Mordida, Martin Trumbaugh, pensará:

La tragedia de alguien que se salió de Inglaterra para poner unos cuantos miles de millas de océano entre él y los matones estériles y los profesorcillos homosapientes de literatura inglesa…y que son responsables de la misma dictadura de opiniones que nunca se fundan en una experiencia o en un sentimiento compartido o en la identidad con un escritor particular o en el amor a la literatura o ni siquiera en un conocimiento intrínseco del arte de escribir, y que tampoco se formula independientemente, sino que es por entero una cuestión de camarillas que tienen además, el objeto de cortar en botón cualquier florecimiento competitivo del genio contemporáneo original, que de ninguna manera serían capaces de reconocer si lo vieran.”




 A diferencia de los otros dos, Lowry busca y de alguna manera encuentra, en su México profundo, en su México del alcohol, refugio, al mismo tiempo que es expulsado del país superficial, cotidiano, legal y real de La Mordida. En un momento del delirium Firmin llega a decir: I’m thinking of becoming a Mexican subject (UVp.343), es decir, todo lo contrario al Greene de Caminos Sin Ley. Y lo enfatiza como una huída a la otredad al compararlo siempre con el deseo de convertirse en William Blackstone que defecciona de los colonos ingleses y se va a vivir con los indios (un Gonzalo Guerrero norteamericano). El refugio son los otros, pero al mismo tiempo, en el caso del cónsul es una caída, un indefectible viaje a la obscuridad. Cuando realmente se convierte en William Blackstone es porque llegó al fondo del laberinto y  está en el infierno terrenal y cuando ya es preso de los demonios físicos que están a punto de asesinarlo. Y sin embargo aquí apunta un detalle puritano en Lowry que lo hermana a Greene y Lawrence: el punto más bajo de la caída, le centro del laberinto es la copulación con la prostituta: ¿quiere María?

 Y los tres, por supuesto, también sintomatizan formas distintas frente al deseo, el amor y la pasión. Desde la histeria de Greene que se aterroriza ante la franqueza y apertura de las mujeres tropicales mexicanas, hasta la igualmente histérica búsqueda, susto y sometimiento a la pasión de la heroína de Lawrence, pasando por supuesto por un más natural, complejo y humano Lowry que de entrada enmarca su obra con la alegoría y al mismo tiempo epitafio del cónsul, tomado de Fray Luis de León: “No se puede vivir sin amor”. Aunque Lowry no objetiva el deseo en los otros, sino que en este hay una igualdad entre extranjeros y mexicanos. Si Greene y Lawrence encuentran el contraste con los nativos por su apasionamiento, Lowry no es diferente a ellos, y en ese sentido, a diferencia de sus connacionales, encuentra identificación. Sus personajes son directamente apasionados, todos. La pasión es, por supuesto, el infierno que acusan, aterroriza y seduce tanto a Greene como a Lawrence, mientras que Lowry –como lo haría después Tenesse Williams- lo reconoce como lugar propio, incómodo y peligroso, pero natural, atractivo, sino incluso habitual, pero además interno, transportado. Lowry hace evidente que ve con los ojos del delirium tremends del Cónsul, que no hay una realidad absolutamente independiente, neutra y común a todas las culturas e individuos –el tema del libro que dice el Cónsul estar escribiendo. Y lo equiparará con el sentido que para él tiene el alcoholismo como dimensión existencial y que reconoce como costumbre del mexicano. Más aún reconoce, al igual que los mexicanos el status ontológico de la inmersión en el alcohol: “But without mezcal, he imagined, he had forgotten eternity, forgotten their world’s voyage, that the earth was a ship, lashed by the Horn’s tail, doomed never to make her Valparaiso”. (UVp.329) (Pero sin mezcal, imaginó, había olvidado la eternidad, había olvidado su viaje al mundo, de que la tierra era una nave fustigada por la cola del cabo de Hornos y condenada a no llegar nunca a su Valparaíso).

 Y así como antes Ambroce Bierce prefirió ser asesinado en México (¿hay otra forma de morir en ese país –el literario digo-?) que vivir en Estados Unidos; tras él los beatniks y Tenessee Williams recuperarían existencial y literariamente a México como la dimensión de la pasión y el delirio en la comunión del alcohol y las drogas. Y define al alcoholismo -al igual que Bourroghs respecto a la heroína, es lo que hoy llamamos un adicto consciente- como un estado existencial, el problema no es beber sino el malestar, nos dice:

“Incidentalmente todo lo que se ha escrito sobre la bebida es absurdo. Hay que empezar otra vez por el principio. Pensar en el conflicto interior, la tristeza abrumadora que también nos puede llevar a participar en la trágica condición humana, en el conocimiento propio, en la disciplina. El conflicto es de suma importancia. Gin con jugo de naranja es la mejor cura para el alcoholismo, cuya causa verdadera es la fealdad y la completa e incomprensible esterilidad de la existencia tal y como nos la venden”(PCP, p.33). 

           

            Y a pesar del clima existencial del alcohol, el amor y la pasión, él mismo declarará que tanto Bajo el Volcán como Obscuro como la Tumba donde Yace mi Amigo, tienen un tema común que define como se ve implicado, envuelto, él mismo en la propia trama de la novela que escribe:

La inenarrable e inconcebiblemente desolada sensación de no tener derecho a estar donde se está; las oleadas de inagotable angustia perseguidas por el insaciable albatros del yo.

                        Hay un albatros realmente.” (PCP, p.10).




            Ese albatros si leemos con atención es él único monstruo que no merece una alegoría en Bajo el Volcán, no se materializa ni en el paisaje ni en el delirium tremends, aunque Díaz Vigil, Quincey, el vecino – por Thomas De Quincey-, Jaques Laurrelle y todos los cantineros incluida la viuda Gregorio acusan: el gran ego que le impide a Firmin perdonar totalmente a Yvonne y que se preocupa más por el próximo trago de alcohol que por el milagro de recuperar a su mujer, a pesar de reconocer él, en el bar del Vista Hermosa: que son “absolutamente necesario”.

            En esta idea, en la imagen del albatros aparecen dos dimensiones profundas que impiden la reconciliación con la realidad cotidiana y con la vida como le es dada y que explican la necesidad intrínseca de la fuga permanente, la agonía permanente:

Y siempre otra vez a lo largo de su vida futura una agonía lo impulsa a viajar de una tierra a otra”.(PCP, p.44)



            Y concurrente con lo anterior la no adaptación, identificación radical que menciona en sus planes para lo que sería la tercera novela mexicana, La Mordida:

Es preciso decir en alguna parte que Martin había vivido tanto tiempo en este planeta que casi había conseguido creerse un ser humano. Pero en su fuero interno sentía que esto no era cierto o sólo parcialmente cierto. No podía encontrar su visión del mundo en ningún libro. Nunca había conseguido descubrir más que un aspecto superficial de sus sufrimientos y de sus aspiraciones y aunque se había acostumbrado a fingir que pensaba como toda la gente, no era éste el caso”. (PCP, p. 107)

           

            Aclara que “lo que en realidad estoy tratando de hacer con Martin es conocer exactamente su posición de aislamiento” (PCP, p.104); aislamiento y huída al describirlo como un peregrino que retrata perfectamente al propio Lowry, al decir que el horror en La Mordida será el horror del Peregrino:

El hombre en primer término, por ejemplo, es el Protagonista, volviendo el rostro para no ver su propia maldición como cree, y cojeando hacia lo desconocido; abandonando su pobre casa, aunque está cometiendo un grave error, pues su pobre casa es su salvación; como una imagen de su nicho en el otro mundo que ha sido ofrecida de antemano. Su obligación era la de purificarla y reconstruirla, antes de ponerse en marcha…Al carajo con todo esto…Yo creo que lo que pasa con Martin es que Jerónimo Bosco es literalmente el único pintor que puede apreciarlo todo…”

           

            Es esto lo que lo arrastra indefectible e inevitablemente a la obscuridad.

            Y en el universo resumido que es el proyecto de La Mordida, los agentes de migración adquieren una relevancia metafísica:

“Sobre la libertad de todos los hombres pesa la sombra del inspector de inmigración con su tarjetita…(y sus 5 hijos, su preocupación por su esposa, sus ingresos insuficientes, su temor a ser despedido, su alergia…) haciendo preguntas que uno no puede contestar…

De esta manera sutil los viajeros pierden su verdadera libertad dentro de su propio mundo…” (PCP, p.40-43).



            Pero lo específico del personaje del Cónsul, y quizás lo que lo convirtió ya en un arquetipo universal es que, más allá de un alter ego de su trayecto existencial mexicano, como serían luego Sigborn Wilderness y Martin Trumbaugh, es que al cónsul como personaje lo planeó como:

suponiendo que todo el sufrimiento y el caos y los conflictos actuales tomasen repentinamente una forma humana. ¡Y tuvieran una conciencia propia!...un hombre…ante quien la gran traición del espíritu humano tomara la forma de una traición privada y angustiante…y estaría conciente, pese a todo, de los sufrimientos que la humanidad tendrá que atravesar pronto.”(Day, 294).



            Y si Greene vive la pesadilla de convertirse en un mexicano, Lowry vive la pesadilla de reproducir su propia novela, de vivirla,  hasta que finalmente la última versión en mucho fue ya narración de sus experiencias. Declara que “la agonía de Martin Trumbaug está relacionada con la agonía de repetir experiencias” (PCP, p.44). De acuerdo con Day (p.260 y ss.) en 1937 escribe un primer cuento centrado en lo que será el incidente del indio muerto en el viaje del camión a Tomalín donde aparecen “El Cónsul”, su hija Yvonne y su yerno Hugh y después, según las narraciones de amigos, Lowry vivirá la vida del Cónsul tal y como se narra en la versión final de la novela incluida la fuga de su esposa Jan con un verdadero Cónsul vecino de la calle Humboldt a Veracruz. Quizás por eso una de las voces en el Salón Ofelia le parecen decir que “Casi hasta la mala poesía es mejor que la vida”(UV,p.329); y en Por el Canal de Panamá afirma de un nuevo proyecto literario: “la novela trata de un personaje que de pronto se encuentra envuelto en la trama de la novela que él mismo ha escrito, como me pasó a mí en México”(PCP,p.9). Y la reiteración estaría cuando vuelve a México después de la primera expulsión de 1938, y el 10 de enero de 1946, en un departamento rentado casualmente en la misma avenida Humboldt (llamada Nicaragua en al novela) en Cuernavaca, luego de una crisis de alcoholismo se corta las venas de la muñeca izquierda. Luego del incidente decide ir con su segunda esposa, Marjorie, a Oaxaca a buscar a Fernando sólo para encontrar la noticia de su muerte, “muerte por alcohol” en pleito de cantina, muy a la mexicana, como el Cónsul. Y para colmo, luego de esto, regresando a Acapulco, nuevamente será confrontado y expulsado por las autoridades migratorias mexicanas (Day, p.390 y ss.). Dirá que otra manera de concebir a la muerte es como la concibe un inspector de inmigración mexicano (PCP, p.121).




En resumen: tanto Greene como Lowry producirán textos directos sobre su experiencia en México: crónicas, cartas, reflexiones y en el caso de Greene lo publica como crónica. Mientras Lowry en lo que produce para publicar transparenta su experiencia en Obscuro como la Tumba Donde Yace mi Amigo y Por el Canal de Panamá. En ambos casos ambos producen una novela destacada, y ambas novelas son una reconstrucción de la realidad mexicana desde dos perspectivas radicalmente distintas, el rechazo total y la aceptación: para uno no habría peor cosa que convertirse en Mexicano o morir en México y para el otro, el dolor es haber sido expulsado dos veces del país. Sin embargo, ambos coinciden en utilizar el paisaje mexicano para generar una realidad metafísica que califican como el verdadero México, para darle coherencia y congruencia, en el caso de Greene, o para perderse en los meandros de su infernal laberinto descrito desde la cámara subjetiva ¿por qué John Houston no pensó en eso, porque filmó todo desde afuera cuando la novela narra todo desde adentro? Del delirium tremends del cónsul en el caso de Lowry. Para Greene es la otredad absoluta, lo abominable, pero al mismo tiempo algo que lo puede absorber, mientras que Lowry lo ve como una exteriorización de su propio paisaje interior. En ambos casos pero con sentidos radicalmente diferentes es el lugar de “perdición”. En ambos casos, siguiendo a Conrad todo el tiempo, se habla de viaje a la obscuridad. Greene describe el viaje por el Grijalba de Frontera a Villahermosa como una incursión en la obscuridad, mientras en Obscuro... Lowry describe la llegada a Oaxaca como una caída. En ambos casos es un abismo y lo que cambia es la actitud, Greene se espanta y retrocede, y toda la historia de Bajo el Volcán es la de la Atracción del Abismo. Y a diferencia de Greene es consicente de de la advertencia de William Blake de que cuando observas un abismo, éste te observa.

Tanto en Greene como en Lowry, la mujer es parte de este abismo, quizás igual que Conrad al final la había definido como “el horror”, en una recursividad que al final del Viaje a las Tinieblas devolvía la explicación de la locura de Kurtz del nacimiento del Congo a las impecables habitaciones de una ciudad europea. Igualmente aquí se manifiesta el miedo de Greene al deseo femenino y la fascinación de Lowry, el impotente ante Jan, por las mujeres promiscuas como su angelical personaje imaginario Ivonne o su terriblemente real Jan; terror que queda manifestado en el lugar y papel de la María con la que finalmente copula el cónsul. La copulación retrae el delirium a la peor de sus experiencias en el hotel Francia de Oaxaca:

“a medida que los dedos del Cónsul recorrían el cuerpo de la muchacha, crujía la electricidad bajo sus caricias, aunque la ilusión sentimental se desvanecía, estaba hundiéndose en el mar, como si no hubiese estado ahí, habíase convertido en un mar, en un horizonte desolado donde navegaba vertiginosamente un enorme barco negro, con el casco oculto deslizándose hacia el ocaso; o bien su cuerpo no era nada, sino una mera abstracción, una calamidad, un diabólico aparato para producir sensaciones calamitosas y enfermizas; era el desastre, era el horror de despertarse por la mañana en Oaxaca…”(UV, p.389)



E inevitablemente es la caída abisal:

“Y el silencioso y tembloroso acercamiento final, respetable, sus pasos hundiéndose en la calamidad ( y era esta calamidad ahora, con María, penetrada, la única cosa viva en él ahora este ardiente e hirviente maldito órgano crucificado –Dios, ¿es posible sufrir más que esto?, De éste sufrimiento algo tiene que nacer, ¿y qué podría nacer sino su propia muerte?”)…

“(y esta calamidad que estaba ahora penetrando, era la calamidad, la calamidad de su propia vida, su misma esencia ahora penetrada, estaba penetrando, estaba penetrada)

(UV, p.390).






Aunque para ambos autores es la caída, ésta significa algo muy distinto para cada uno. Para la histeria de Greene genera un rechazo total que le obliga a huir; para Lowry es la posibilidad de encontrar refugio justamente por su carácter de selva límbica en el sentido dantesco, un laberinto que hay que penetrar. Para Lowry más que salvación simple se trata de una terrible realización, de oportunidad de iluminación, tentación/perdición. Es una selva jardín o un jardín que se llama Selva, paraíso en todos los sentidos, incluyendo los más terribles, la indiferencia y la violencia; la fragilidad de la felicidad y de la belleza que hace que un jardín fácilmente vuelva a ser una selva,  laberinto asiento arquetípico de la obscuridad. Un jardín y un laberinto que cotidianamente, los que vivimos aquí, sobre todo quienes hoy gobiernan, hijos de los sinarquistas que denunciaba Lowry, procuramos destruir.

            Y en fin, mientras Greene simplemente maldice a México, la despedida de Lowry es más compleja, de alguien más lastimado:

“Los mexicanos son los seres más bellos sobre la tierra. País adorable. El gobierno mexicano todavía parece controlado por satanás; eso es lo único malo. Todos los mexicanos lo saben, lo temen, y a fin de cuentas, no hacen nada para remediarlo, a pesar de las revoluciones; en el fondo el gobierno está más corrompido que en la época de Díaz.” (PCPp.31)

“¡Adios, territorio de La Mordida –adiós y que Cristo te envíe el mayor dolor! (Bueno, retiro esto último: Cristo ya te ha enviado suficiente. ¡Mejor vive, maldito México, y seas ejemplo para los hombres de la caridad cristiana que profesas y, si no, que la abominación te destruya!).(PCPp.73).









Bibliografía.

Day, Douglas. 2001. (original 1973) Malcolm Lowry. Una Biografía. Fondo de Cultura Económica. México.

Greene, Graham, 1981. The Power and the Glory. Penguin. London.

Greene, Graham. 1982. (original, 1939) The Lawless Roads. Penguin. London.

Lawrence, D.H. 1981. (original, 1926) The Plumed Serpent. Penguin. London.

Lowry, Malcolm. 1987 (original 1947) Under The Volcano (UV). Ed. Penguin. London.

Lowry, Malcolm. 1977 (original 1961) Por el Canal de Panamá (PCP). Traducción de Salvador Elizondo. Ed. Era. México.

Lowry, Malcolm. 1981. (original, 1968). Obscuro como la Tumba donde Yace mi Amigo (OCTYA). Ed. Bruguera. México.