De la Vida en el Posmachismo 1
Uno está inmerso en su propio proceso y olvida las cosas que superó o que estuvieron ahí. Pero al mismo tiempo es como si hubiera transcurrido un largo período de exilio o silencio en donde las cosas cambiaron para uno o para otro. ¿En Dónde estaba? ¿Qué hice?. Y esa sensación de movimiento no la da una percepción propia de haber resuelto nada o de estar mejor o simplemente nada. La da la impresión de los otros, respecto a cosas que uno no considera ya, cosas en las que uno no piensa. Y de pronto le resulta a uno una novedad "como hombre", tendría que decir, pero la verdad, esa misma expresión ya no tiene o le encuentro sentido porque implica una esfuerzo por "ser" y "parecer" (ninguna casualidad que coincida con la idea del mundo como voluntad o representación), ese enorme esfuerzo yoísta por construcción de un ego que es un posicionamiento en un espacio social específico. Y no se da uno cuenta del cambio sino es en comparación con los otros. Así, si le digo a un amigo que me volví Budista, le importa saber si eso no me hizo más "susceptible", que inmediatamente significa vulnerable, indefenso, etc. Todo lo que uno temió en el proceso de hacerse hombre o más bien macho. Ser y parecer para ser "respetado" y hasta "temido", sólo para no ser agredido, violentado, humillado. Lo que ya de por sí, ese deseo y voluntad acusan el haber sido formado en un ambiente hostil, donde justamente eso es lo que pasaba, y de ahí viene toda esa lógica destructiva de pegar primero, de aparentar, de dominar, de no involucrarse, en fin, de no sentir. Igual puede uno andar quejándose del sicoanalista que tras un largo período de años, lo vuelve a uno a hacer sentir cosas que ya no acostumbraba, finalmente a "sentir", y no saber que hacer con eso, sobre todo si, como normalmente acontece, han pasado muchos años y en el espejo se ve uno degradado y desagradable, sin las armas bióticas que significan posicionamientos sociales favorables inmediatos. Una edad donde la única manera de posicionarse en una sociedad sin misericordia, competitiva e inhumana, además de violenta como es la neoliberal, y peor en el contexto de un país subdesarrollado. Una sociedad que lo obliga a estar ahí parado sobre bienes materiales y habilidades rentables, amenazar y mejor todavía cumplir amenazas en función de jerarquías, puestos o posiciones para obtener no sólo lo merecido o deseable, sino lo necesario. ¿Cómo no estar ahí? Cuando uno logra la sensación de que eso es lo mejor, y cómo si no puede desligarse (el viejo dilema de todo proceso iniciático) de aquello que considera todavía razonablemente interconectado. Los tiempos y momentos de los otros necesarios, como compaginar la libertad absoluta (interna, individual) sin el egoísmo indiferente de los "liberados" sean religiosos o políticos, insensibles a los dolores ajenos como a los costos del obtener a como de lugar lo deseado y mantenerlo, que además tantísimas veces se traduce en espacios materiales maravillosos sostenidos u obtenidos mediante explotación, exacción, desplazamiento o violencia. Un personaje honesto tendría que preguntarse si en esa situación, en su iglesia, en su Ashram, es producto de un dhama limpio; y la historia y la experiencia demuestra que en realidad, esos espacios, normalmente son transitorios; que el verdadero caminante descubre que son transitorios y el falso se emberrincha, se enoja porque no se conserva. Al pensar que liberarse es "conseguir algo", supongo que seguimos bajo la misma lógica del utilitarismo occidental, el modernismo: obtener, lograr, esforzarse, hacer...
En la lógica señalada arriba, de la construcción de la persona como hombre y como macho, del esfuerzo por ser y parecer "algo" o por "alguna razón", para "conseguir algo", "para ser reconocido por los demás", etc. también esta abierta o inconscientemente "el ser querido", "deseado", etc. con que se nos "ordena" en lo microsocial para no ser lo que más odia/teme/admira, etc. etc. la gente, la sociedad, el solitario, al aislado, etc. que, además, normalmente entra en un proceso de autodestrucción (los Hikiko Mori japoneses por ejemplo), o en un egocentrismo autocentrado tipo síndrome de Asperger o autista, o se "ilumina" y funda una nueva religión, ja, ja, ja. Ya lo preguntaba Nietszche: ¿por qué Moisés, Zaratustra, Cristo, o cómo se le quiera llamar, tiene que regresar a dar su mensaje? Por que no se puede quedar tranquilo con él, hasta el Buda sintió la necesidad de predicar y compartir. Quizás simplemente porque no somos humanos si no compartirmos. ¿Acaso hay millones de liberados silenciosos que pasaron, convivieron, se apartaron y murieron sin que nadie se enterara? En las mitologías underground del siglo XX estuvieron los alquimistas y esos tipos de maestros que nunca murieron, o ya más pop los brujos de Castañeda. Que sin embargo, sólo comparten un mismo mensaje, desde un Johannes Wolfang Goethe para acá, recuperando el mito de Fausto: "cuídate a ti mismo" (Foucault escribió miles de cuartillas nomás con la frasesita: "el cuidado de sí", pero el cotidiano, el formativo del contrario, del mundano, frente a este otro cuidado, del antimundano, del hombre que al negar a la sociedad (lo específicamente humano), busca afirmar de la manera más radical lo humano, pero como hecho individual, en una paradójica búsqueda en la que finalmente se trata de individualizarse al extremo absoluto (en un sentido contrario a la individualización social material de la posmodernidad que describen Beck y otros, el individuo aislado, confrontado, consumidor, competitivo, encerrado en su antropósfera artificial, el astronauta de 2001 odisea del espacio, etc.) para perderse, disolverse, como el Bangha budista o el Siyan ka'an del exoterismo maya en las estrellas...El ser para no-ser oriental que disturba y angustia a los occidentales...modernos, etc.
El cuento de este blog es pensar en voz alta sobre la libertad, sus derivaciones, sus obstáculos, sus perversiones...la vida como hecho virtual y las virtualidades vivibles.
martes, 23 de febrero de 2016
martes, 17 de noviembre de 2015
Testimonio
de un intento de promover la recuperación de la lengua Yokot’an de Tabasco y el
choque con las lógicas institucionales.
Rodolfo
Uribe Iniesta.
El
objetivo de esta ponencia es presentar una experiencia de recuperación de la
lengua y cultura de un pueblo indígena que está perdiendo ambas por los
procesos de modernización, la educación escolarizada y un callado pero
acendrado racismo local tanto social como intelectual. Por ejemplo, en el
último libro de historia editado por el Gobierno del Estado, Tabasco, Más Agua
que Tierra, coordinado por Carlos Martínez Assad, donde se hace un balance de
la historia y las historias escritas sobre Tabasco, no existe ninguna mención
de que existen pueblos indígenas en su territorio, y se ignoran, no se
mencionan los trabajos de historia y etnohistoria que los incluyen. Lo que hoy
les presento es la historia de este libro bilingüe: T’an i Kajalín Yokot’an.
Palabra y Pensamiento Yokot’an, que fue editado por la UNAM en el año 2000, y
aunque diseñado para la recuperación de la cultura propia, y dirigido a los
estudiantes de los entonces 4 colegios de bachilleres existentes, la mitad de
la edición de 500 ejemplares se exportó a Estados Unidos, y sólo 100 pudieron
colocarse en Tabasco, de éstos sólo 60 llegaron efectivamente a manos de los
estudiantes de los colegios de bachilleres en comunidades Yokot’an. Y eso
porque se los entregué mediante una falsa venta, o me los robaron cuando les
daba aventón en la camioneta de la UNAM en la que los transportaba. Ninguno de
los subsecuentes gobiernos de Tabasco, incluido el actual, se han interesado en
hacer una reedición más accesible que la propia de la UNAM. Como podrán ver, a
diferencia de la gran mayoría de los textos bilingües, aquí no se contrasta el
texto de cada lengua en contrapágina, sino que renglón a renglón pueden
compararse las palabras. Esto por supuesto, significó una forma particular de
redacción que al no sonar bien ni ser fácil de leer en español, fue
descalificada por los antropólogos considerados especialistas regionales en la
UNAM. Curiosamente, a pesar de enunciar una política anticastellanizadora en
cada documento, su argumento fue que “iba a enseñar mal el español a los
indígenas”. Nuestro argumento, que fue aceptado y retomado en Universidades de
Estados Unidos (Santa Bárbara, UdeC; y John Hopkins, Washington, D.C.) que
mandaron comprar el libro para usarlo de texto en la carrera de Traducción
Cultural, era que una ventaja de nuestro libro era que hacía sentir al lector
en español la dificultad que tienen los lectores indígenas cuando se confrontan
con textos en español como segunda lengua. El por qué el libro tiene éste tipo
de particularidades, es muy sencillo, no se armó desde criterios lingüísticos
ni antropológicos, sino que se siguieron las instrucciones que consensaron las
asambleas comunitarias de alrededor de 10 pueblos, y las consultas con los
patronos, rezadores, músicos y en general hombres de conocimiento de alrededor
de otros 10 pueblos. Por la participación de Bartola May y el trabajo de campo
de una estudiante de la Universidad de California, logramos integrar la opinión
de las mujeres de una comunidad.
- En el año 1999 Bartola May May y yo ganamos una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes para elaborar lo que en el proyecto, para poder explicarlo llanamente, se llamaba diccionario Yokot’an-Español. El financiamiento fue en realidad necesario para poder liberar a Bartola de sus cargas de trabajo como encargada de los programas de radio bilingües de la Dirección de Educación Indígena de la Secretaría de Educación. La beca, como saben, dura sólo un año, y se tiene que entregar, como hicimos, el trabajo terminado. Pero en realidad el trabajo se inició 10 años antes, cuando yo era el director de la estación de radio XENAC, La Voz de los Chontales del Instituto Nacional Indigenista y Bartola May nominalmente era secretaria de la dirección. En realidad fue una cosa mucho más complicada porque yo tomo la dirección con una radio que tenía fuera del aire dos meses y que la Dirección de Radio del INI había ya desahuciado. El director del INI, Arturo Warman, me aclaró que el trabajo real era evitar que el gobernador cumpliera con la promesa hecha de escarmentar a los indígenas Yokot’anob, mal llamados Chontales, de Tabasco por haberle negado el acceso a sus pueblos durante su campaña electoral dada las malas relaciones que cosecho con ellos dos sexenios antes, cuando fue Secretario de Gobierno de Leandro Rovirosa e hizo todo lo que pudo por bloquear los trabajos de apoyo agroeconómico y en viviendo que por primera vez recibían de un gobierno estatal y uno federal a partir de una decisión política del gobernador Rovirosa, del decidido apoyo del senador Carlos Pellicer Cámara y de su operador local y director del Centro Coordinador del Instituto Nacional Indigenista, Andrés Manuel López Obrador. Antes de este sexenio, como lo demuestra el Censo Nacional de Población de 1970, los chontales habían desaparecido como categoría y se promocionaba que la lengua estaba ya extinta. En 1989, cuando tomo posesión, el gobernador ya había enviado un oficio a las presidencias municipales en las que se recomendaba no dar empleo a los indígenas chontales y se comentaba que se les identificara por su comunidad de origen dado que muchos hablaban muy bien español, bueno habría que aclarar desde que acá, que español tabasqueño. Entrando a trabajar descubrí que la radio no operaba porque se le había retirado el apoyo de oficinas centrales. Por presión de las comunidades, la radio se había entregado totalmente a personal indígena desde hacía alrededor de 6 meses. El grupo de 9 trabajadores, 6 hombres y 3 mujeres, habían imitado fielmente el sistema burocrático del Centro Coordinador: transmitían 2 turnos y cortaban a medio día para ir a comer. Las mujeres eran secretarias y los hombres eran un programador de música, 2 locutores, 2 productores que salían a grabar las fiestas en los pueblos y un electricista que fungía como técnico. Siguiendo por inercia las indicaciones de anteriores directores (que por cierto duraban muy poco) decían todo primero en español y luego traducían al Yokot’an llamándolo todavía Chontal, y todo era con base en guiones que siempre se basaban en la muy poca información etnográfica que había sobre el grupo. Por razones de tiempo les ahorro detalles de cómo todo el grupo sufría toda clase de abusos por parte del personal de Centro Coordinador, especialmente en el escamoteo del presupuesto. El problema grave es que ni el director locutor ni el técnico tenían la capacidad siquiera de explicar los problemas técnicos que se presentaban, y por esa razón los técnicos chihuahuenses que mandaban oficinas centrales no podían hacer sus cotidianos y asombros milagros para mantener al aire el transmisor y los compañeros intentaban resolver el problema acusando a oficinas centrales de discriminación. Desde el momento que se me dio posesión confronté mucha resistencia que se disolvió aceptando asistir a las comunidades a presentar el plan de trabajo en cada comunidad que me invitó. Con la ayuda del ingeniero enviado por oficinas centrales tras varias noches de trabajo al calor de los mosquitos del pantano, en menos de una semana, sin anunciar, transmitimos al doble de potencia durante 12 horas diarias música continua y comenzamos a recibir visitas de muchas comunidades que estaban pendientes de la radio aún apagada. Viniendo de la experiencia de otras radiodifusoras del D.F. y Villahermosa, hice a un lado los vicios antropológicos, tiré a la basura los manuales etnográficos, conseguí todo lo que pude de historia local, e inmediatamente hicimos una lista de ancianos y músicos a invitar a hablar al aire y grabarlos. Ahorro detalles, sólo señalo que establecí lógicas mínimas de administración racional y puse a todos a hacer lo mismo guiones, locución, producción y entrevistas, con equipos responsables de programas específicos, y quité la exigencia de traducir al español lo que se dijera al aire. Aunque sólo teníamos permiso para transmitir 8 horas diarias a 500 watts, transmitíamos 10 horas a mil watts y comenzamos a producir programas grabados que envíavamos al resto de estaciones del sistema indigenista que a su vez lo compartía con radios culturales.
El
que la radio funcionara desquició las negociaciones políticas entre el INI y el
gobierno estatal. El gobernador impuso a un diputado priísta como director del
Centro Coordinador sin consultar a los pueblos y madrugando a Warman; y los
pueblos reaccionaron tomando el Centro Coordinador pero exigiendo que la radio
se mantuviera encendida. Durante 15 días se mantuvo mucha tensión y me
desentendí de la orden de apagar la radio que me llegó del D.F., hasta que
algunos de los propios compañeros convencidos de alguna manera comenzaron a dar
información sobre las personas que participaban en el plantón en un ambiente
muy tenso donde la mayoría de quienes estábamos relacionados habíamos recibido
amenazas de muerte del Señor Gobernador. Así, a pesar del apoyo de la comunidad
cultural de los medios del Distrito Federal acaté la orden de apagar el
transmisor aprovechando una visita de mantenimiento de la Secretaría de
Comunicaciones y transportes.
Nos
salimos de las instalaciones del Centro Coordinador pero comenzamos a trabajar
en resistencia en la biblioteca municipal grabando en cassettes programas de
difusión de la cultura que transmitieron las otras radiodifusoras indigenistas
y Radio Bilingüe de Fresno, California. Comenzamos entonces los trabajos del
“diccionario” que siempre nos habían pedido las comunidades, mediante asambleas
y consultas a los viejos más prestigiados. Finalmente se consensaron las
siguientes características para el “diccionario”:
- Dado que la gran mayoría de personas, incluso de edad, habían estudiado cuando menos hasta tercero de primaria y saben leer en español pero no en Yokot’an, tenía que ir primero la palabra en español, pero de manera que se pudiera saber cuál era el equivalente para leerlo en yokot’an.
- El libro tenía que contar la historia propia de los pueblos, lo que los técnicos llamamos historia oral.
- El libro tenía que recoger los contenidos básicos de la tradición, que son los de la ofrenda, para que la pudieran continuar los jóvenes.
- El punto más discutido fue la de usar la sintaxis original Yokot’an (objeto, sujeto, verbo) que se estaba perdiendo porque los jóvenes lo estaban hablando ya como si fuera español (sujeto, verbo, objeto).Avanzamos un año haciendo ese trabajo por 10 meses hasta que nos liquidó el INI. Varios años después, ya con un doctorado y contratado como investigador por la UNAM busqué financiamientos para poder contar con la colaboración de Bartola para terminar el trabajo. No fue aceptado por ninguno de los financiamientos científicos, pero sí como trabajo cultural artístico por el Fonca. El proceso de trabajo fue el siguiente:
- Con los materiales conjuntados entonces y durante la elaboración de mi tesis doctoral redacté una síntesis de historia propia del pueblo Yokot’an.
- Recuperé las mejores y más completas entrevistas sobre las diversas prácticas de ofrenda y respetando lo más posible las palabras textuales armé un texto sobre ellas.
- Redacté ambos textos con la sintaxis tradicional: objetos, subjeto, verbo.
- Bartola tradujo ambos textos al Yokot’an.
- Conjuntamente trabajamos en una retraducción al español palabra por palabra y de manera que coincidieran en la presentación final.
- Pusimos primero el texto en español y a renglón seguido, buscando la concordancia palabra por palabra, el texto en Yokot’an.
- Tuve que pelear durísimo con la supuestamente obligatoria revisión de texto de los correctores de estilo.
- Finalmente perdí la pelea de que se hiciera una edición muy modesta que pudiera venderse muy barata: Nada se puede contra la imagen editorial. El 60% del costo es la edición de la portada en Papel Couché y el director de mi centro se afirmó en que no iba a hacer una “mala edición” que denigrara a la UNAM.Recién editado el libro fue recomendado a la ENAH y las universidades americanas que iniciaban entonces la carrera de traducción cultural por la Dra. Carmen Ochoa. Pero al mismo tiempo era descalificado por caciques de la antropología universitaria porque enseñaba una historia regional distorsionada al mencionar las masacres cometidas por el Garridismo, y porque daba una idea de mal español a los indígenas.Para poderlo distribuir me inventé una gira de conferencias a los entonces sólo 4 Colegios de Bachilleres en pueblos Yokot’anob. Me hice incluir en el programa de presentaciones de libros comerciales que tienen normalmente, y presenté el libro con un costo del 50%, o sea, sólo 60 pesos. Se los entregaba a los jóvenes con la promesa de que pagarían al día siguiente, día en que yo ya no volvía por seguir con el itinerario. Finalmente en la zona de Quintín Aráuz, dentro de la Reserva de la Biosfera Pantanos de Centla, hay muy poco transporte, por lo que con la camioneta de la UNAM daba aventón a los jóvenes de la secundaria y prepa que aprovechaban para llevarse libros sin pedirme permiso.Finalmente les contaré que gracias al libro Bartola May ganó consecutivamente los premios nacionales “Juventud Indígena Nacional”, y “Juventud Nacional”. Desgraciadamente esto sólo le trajo problemas porque los celos de sus jefes en la Dirección de Educación Indígena Estatal llegaron hasta mandarla golpear para evitar que asistiera a los congresos a los que era invitada. Después ingresó a la Universidad Intercultural de Tabasco donde a su vez, la discriminación institucional por parte de los profesores investigadores involucrados en el sistema SNI la hizo renunciar. Decidió mejor pedir un grupo en una primaria de su pueblo donde se mantiene dando clase a los niños.
Conclusiónes:
La abrumadora mayoría de textos bilingües que
se elaboran se hacen para reflejar las ideas y procesos de las instituciones de
gobierno que los financian. Los libros, textos, formas y contenidos, quedan
atados y determinados por el sentido, contenido y forma de las instituciones
patrocinadoras con poco interés de la población objetivo, la cual se supone que
ha de adaptarse a éstas formas, contenidos y sentidos institucionales, lo cual
además sigue entendiéndose como educación. No hay el sentido, ni por supuesto
el interés del desarrollo de formas, sentidos y contenidos propios
extrainstitucionales; y esto también se manifiesta últimamente, en que cuando
se anuncia una edición bilingüe en lenguas indígenas, siempre se trata de un
texto de la cultura occidental que aparece en alguna lengua originaria, como el
Principito, por ejemplo, con lo que seguimos determinados en nuestra relación
entre quienes son miembros de pueblos originarios y quienes no lo somos, por
una concepción colonialista. Cuando se hace un esfuerzo con un sentido propio,
más que una abierta represión lingüística, simplemente no hay espacio para
éstas en las vías institucionales. Y desgraciadamente se trata de dimensiones
que los esfuerzos autonomistas han descuidado, en el caso de los Yokot’anob de
Tabasco, abiertamente, las últimas generaciones simplemente los menosprecian.
martes, 6 de octubre de 2015
Nada es Placer
El cuerpo moreno requemado de la mujer estaba apenas hace unos momentos reclinado sobre el asiento de terciopelo negro en el agradable clima de la cafetería. El sol iluminaba cobrizo y alegre la calle y la orilla del río, los coches se demoraban por la calzada. Su pierna izquierda hacia una curva hermosa en el muslo semicubierto sobre la otra pierna. Sonrisas, abrazos, el escote mostrando los senos llenos. Todo significaba nada. Su cara juvenil obscurecida cálidamente y su gran sonrisa. Abrazo de despedida de cuerpo entero. La vió a través de la vidriera con el vestido ligero y floreado flotando mientras bajaba las escaleras y estiró las largas piernas para subir al taxi. Se descubrió devastado entre los muebles negros y no tenía que ver con ella o tenía que ver con todo. No había podido asumir la noticia. Y recordó que en todo el tiempo reciente le habían advertido de no dejarse afectar por nada. Pero como no hacerlo. Lo había devastado la noticia. Ella podría haber modificado todo, pero, como antes, y como muchas veces no significaba nada. Mucha belleza, mucha alegría, mucho cariño, pero no significaba nada. Nuevamente el patrón conocido, que padre, te quiero mucho, consigo lo que necesito, pero no te acerques, no me toques, no me propongas nada. Y no era eso lo que lo tenía abatido. La voz de la esposa de su amigo en el celular. No necesito decir mucho, una frase…sí te va a contestar, lo va a animar. Él fue directo, informante exacto: en diálisis esperando transplante. En la memoria apareció inmediatamente una tarde también del mismo sol delirante. Sol en el río, la casa de la familia bajo los árboles, la bebida. La noche cayendo pronto. El persiguió el sol por la orilla de los dos ríos, uno a cada lado de la casa y la milpa y la huerta de árboles frutales. Un perro se mueve veloz y se oye el crujido del cuerpo del pequeño tlacuache al cerrar el hocico. Una muerte dura y limpia. La familia precia y presume al viejo que delira, su brillante pasado. El hijo es el presente y al mismo tiempo el testimonio la crudeza de la injusticia. La casa –de un solo espacio amplio donde se reparten camas y cosas útiles e inútiles de toda la familia, el refrigerador por ejemplo-, la milpa, la hermosura de las orillas de ambos ríos a punto de ser arrasadas por las obras de reconducción de los ríos, los nuevos bordos para evitar inundaciones. A pocos kilómetros las grúas, las manos de chango, los bobcats con sus palas y las aplanadoras avanzan emparejando el paisaje para poder sembrar las riberas de sábanas de bolsacreto. Se come abundantemente en varias grandes mesas bajo la sombra de un enorme y hermoso árbol de mango, mojarras pescadas ahí mismo, fresquísimas, más frescas las cervezas, tortillas calientes, cangrejos hervidos sazonados con chile bravo, todos terminan totalmente borrachos y él agredido por abstemio. El amigo sube al coche y maneja por la recta de terracería y sólo desiste cuando lo lleva a una zanja poco antes de tomar la carretera. Él estaba decidido a bajarse antes de llegar a la carretera y termina conduciendo a pesar de su ceguera nocturna en medio del embotellamiento a la entrada de la ciudad. Apenas pocas semanas antes, regresando de El Carmen se quedó dormido ahí mismo y estuvo a punto de estamparse contra la barda de contención, si no fuera porque lo despertó su compañero…No hace ni un año de esa borrachera. Pero es como todo en conjunto. Apenas ayer en el aeropuerto, comiendo de noche en las mesas de fast food lo atacó esa sensación de no saber quien era y al tratar de averiguarlo escucharse decir-sentir esa frase: nada es placer…nada es placer. Recordó que desde que asumió la nueva oficina se siente como alguien que habla desde adentro de una figura de arcilla, pensó primero en los soldados de terracota del emperador Chino, pero luego se dio cuenta que más bien se sentía dentro del Golem. Se preguntó quién había construido el Golem que habitaba en su nuevo trabajo. Al menos la invitación a la conferencia le daría tiempo, distancia… Hermosísima lo saludó desde el fondo de la sala con grandes aspavientos y sonrisas y él tuvo que ponerse los lentes para reconocerla. Ella lo escuchó durante toda la comida con gran avidez y el rostro cercano, como si hubiera un gusto más, alguna posibilidad, no deja de tocarlo mientras habla. Apenas la lleva sola al café comienzan a surgir otras cosas, otra actividad, la evasividad...Hay una frase: no me malinterpretes. Se pregunta como es posible no sentirse traicionado. Y que la gente siempre le dice que no es cierto. Que como pensó otra cosa. Y lo que escucha en realidad, es que como, con que derecho cree que alguien como él, en específico él, puede pensar, esperar otra cosa. Y justo el mensaje en el teléfono Isela, le dice que acaba de regresar a la ciudad pero no lo encuentra. Él sabe que ella sabía que no estaría. Meses de jugar a ese juego y ni siquiera el valor de hablarle, de decirlo de viva voz por el teléfono. Puros mensajes. Jura amor, pero nunca hay posibilidad de coincidir. Que he hecho sino darle todo lo que he podido, sino ayudar. Y ella se ha ocupado de informar a todos los conocidos mutuos que él la está evitando, que no la quiere ver, cuando ella mediante mensajes, primero lo tiende un anzuelo, y cuando él responde, justo ella por una razón u otra no estará ahí. Demasiados años y demasiada mala vida le han enseñado esa estrategia de la gente que mantiene relaciones múltiples simultáneas –con ella no se atreve a usar la palabra de cuatro letras- para mantener localizado al otro y manipularlo. Doble rabia con moraleja de melodrama…¡ah! ¡y además puta! De regreso en esa ciudad imposible no recordar que conoció bastantes años antes a otra Isela y que entonces nada dolía, ni las traiciones ni los desplantes, los chantajes, las escenas, la vergüenza de ser sorprendido infraganti con otra amiga, y esa sensación de que todo ocurría más rápido, como en una película donde todas las acciones importantes se encadenan, cuando, recordando con cuidado y calendario, en realidad ocurrían mucho menos cosas, en tiempos más espaciados, había siempre tiempo, y estaban esas tardes largas, extendidas por el alcohol, en lugares cerrados, mirando algún cuerpo de agua en un local muy austero, una palapa campesina, la azotea de algún amigo, la recámara de cualquier muchacha entre los montones de ropa siempre expuestos como forma de combatir la humedad en las casas sin aire acondicionado, ese vivir de puertas abiertas y desde lejos sentir que se pasaba entrando y saliendo de casas y cantinas… De pronto siente ese enorme vacío alrededor suyo que no es el abatimiento de no poder soportar, asumir la noticia de su amigo. He visto caer a tantos de la misma manera…Todos creen que lo que le pasa a los otros no les va a pasar a ellos…Se dice…todas creen que tienen el derecho a recibir lo que él da sin recibir nada. Y esa sensación sin que nadie lo haya dicho nunca de que él no merece ni siquiera pensar, atreverse a pensar que pudiera hacerse la idea…él, precisamente. Pero todos y todas lo buscan para algo. Está cansado, está abatido por la noticia de su amigo. Pero por algo más y sobre todo esa sensación. Lo sabe, de que no se lo puede decir a nadie. Para que desear, para que sentir, para que gustar de las cosas, de las mujeres...La esposa lo comunica. La voz cansada y de eso habla su amigo del enorme, insoportable cansancio, y ahora la espera-esperanza, operaciones, sobrevivir, y todo el lenguaje de ánimo y de echarle ganas, que él conoce de experiencias familiares de un tiempo que aún no puede entender que transcurrió y no creería que fue tan largo si no es por la ruina que le devuelven los espejos que cuidadosamente evita, sobre todo en los hoteles de lujo en los que lo alojan en sus viajes. Hoteles que buscan subsanar la falta de personalidad e identidad con espejos. Dejá vú, por supuesto en el teléfono no le echa en cara las bravatas y burlas contra su carácter de abstemio, contra su moderación al comer, y tampoco le insiste en devolverle la historia de los males que desde hace años lo agobian, lo merman. Tiene que dar el mensaje de la normalidad y el ánimo. De la lucha. Por suerte es un luchador y alguien que es muy amado. Eso hace la diferencia, pero también por eso, quizás, es una hipótesis como cualquiera, sintió que no necesitaba cuidarse y no hizo la transición a tiempo, a la primera crisis. De pronto, solo en el café, gozando como no lo hacía antes de los sabores, del buen café, todavía con la imagen tras los cristales ahumados de la figura esbelta de ella corriendo al taxi, no sabe que es exactamente lo que lo tiene tan abrumado, la culpa que le da el costarle tanto trabajo hablar con quienes enferman, sabe que no vale el explicar que es cosa de familia, seguramente herencia de la familia de su padre, la culpa de ello, el coraje, el enorme coraje que siente de saberlo a él así. En esa situación. La frase: “Él que era amado, que era felíz”. Le diría un analista, “¿Por qué asume que es feliz sólo porque lo ama su esposa y su hijo? ¿Qué acaso no viene usted aquí a quejarse de todo el daño que a lo largo de toda su vida le ha hecho la institucionalidad familiar?”. Pero eso es ahora una gran tontería y quizás sólo reciente su congénita incapacidad de expresar sus emociones. Pero, por otro lado, si se dejara ganar por sus emociones…¿qué haría ahora ahí abandonado, otra vez usado a cambio de nada por una mujer bella?...No tiene respuesta. Se levanta. Paga y sale al sol atronador de un día de mayo a las 5pm. Está a pocas cuadras de la casa de su amigo pero no siente el valor de ir a buscarlo. Pone de pretexto el gran calor y su reflejo en el pavimento y las banquetas, la falta de sombra en la calle, la incomodidad que podrían sentir al invadir la intimidad de la recámara convertida en unidad de convalescencia, en esa casa donde tan generosamente a tanta gente ellos han recibido. Cruza la calle sin fijarse. Con el calor que hace y bajo su gran luminosidad casi no hay tráfico. Menos en esa zona de nueva urbanización apenas unos restaurantes, hoteles, edificios de oficinas…Al cruzar al camellón mira automáticamente a su derecha. En el centro de la calle está parada una pick up negra, de reojo y a gran rapidez capta con asombrosa claridad la escena: cuatro hombres con armas largas mirando atentamente hacia enfrente, no tienen uniformes ni la camioneta letreros; la mente le dice inmediatamente, estos no son guardias de seguridad; con el mismo automatismo voltea hacia el objeto de interés de la mirada de los hombres, lo que vigilan. Es la puerta de una empresa constructora transnacional. En ella destaca abajo del edificio la caseta de vigilancia y los hombres de uniforme gris que cuidan la entrada del estacionamiento. Se sorprende la velocidad con que se hace cargo de la situación coordenando con la lectura diaria que hace de los periódicos locales: esperan la salida de uno de los ejecutivos para secuestrarlo. La segunda idea que le viene a la cabeza cuando todavía no termina de pasar caminando junto a la pick up es muy corta, dos palabras: “¿Qué hago?”, “Finje que no los viste”, se ordena. “¿Y luego?”, “Camina normal”. El tramo por la calle vacía y luego los terrenos que quedan baldíos se le hace larguísimo y se forza a resistir la tentación de voltear la cabeza para ver que hacen lo hombres de la pick up. El no volver a verlos le permite examinar con más cuidado la imagen que le quedó grabada: no podría describirlos si se lo pidieran, es decir, sus facciones, más allá de que se trataba de hombres adultos, pero hay algo que le molestó en la bastedad de su ropa corriente. Y ahora que lo piensa, que le da vuelta a la cinta de video, también escuchó algo, palabras desordenadas, groseras, nada de la disciplina de guardaespaldas, escoltas o gente de una empresa de seguridad. Todo le refuerza la impresión recibida y procesada. Y tiene que caminar como si no pasara nada. Como si doblar la esquina fuera la salvación. Las puertas automáticas de su hotel se abrieron con una bocanada que sintió de doble alivio: la frescura del aire acondicionado y el ilusionarse, ¿hasta cuando podría estar seguro?, de que esos hombres no le pusieron atención. En las pocas cuadras que caminó se convenció con gran pesar de no poder hacer nada. De no poder confiar en nadie a quien avisarle, incluso, ¿cómo saber si los de la policía, o los propios guardias de seguridad de la empresa, no estaban coludidos? ¿Cómo no ver el único vehículo en la calle, obviamente haciendo guardia, vigilando el movimiento de la entrada de la empresa? Otra vez el hundimiento de sentirse incapaz de hacer algo. El castigo, por lo pronto, es encerrarse por cinco pisos en la caja de espejos del elevador para luego ser vomitado en un corredor que es una pesadilla de simetría para llegar a un cuarto donde la única ventana que se abre es la pantalla de plasma. Resultado: Insomnio. Peor que una pesadilla. Y la necesidad de estar en el aeropuerto a las 5 de la mañana para abordar el avión de las 7 impide tomar la decisión a salir a algún lado a perder la noche.
martes, 1 de septiembre de 2015
Guaytalpa.
Esa mañana atravesé otra ves las carreteras verdes del pantano, el agua escurría de todas partes y los cercados dividían los potreros llenos de pasto verde limitados por acahuales de altos árboles combinados, avanzaba rápidamente. Pronto llegué al pueblo, atravesé las calles estrechas de portales anchos hasta el extremo, hasta lo más pobre. En la esquina estaba, lo que en otras veces había pensado que era una escuela en extremo pobre, muchos niños. Bajé del coche y esta vez entré a la calle a pie, me metí bajo el portal. Había muchos niños miserablemente vestidos pero ví que más allá había adultos igualmente malvestidos y que la casa con las ventanas totalmente arrancadas como en un edificio abandonado era también increíblemente pobre. Al acercarme a los niños ví que había algo de particular en ellos, pero en fin niños, me llamó la atención que en sus juegos en el corredor bajo el portal se mezclaban con los adultos, todos morenos con el color de la gente local. De pronto me llamó la atención que en una silla cubierta con una sábana blanca estaba sentado un hombre desnudo extremadamente amarillo, era un hombre viejo pero con la musculatura marcada de quien trabajó en el campo toda la vida. Pensé que era una foto estupenda, pero que no era momento de tomar fotos, de hecho dudé de que llevara la cámara, pasando a este señor ya sólo había adultos semidesnudos que no podían esconder su condición de enfermos siquiátricos. Al llegar al final del portal, estaba una casa normal y comenzaba un jardín de pueblo con animales domésticos y flores. La señora que yo llegaba a ver estaba ahí, le tenía mucha confianza y no era la primera vez que llegaba a su casa pero siempre había ido en coche. De pronto vi que como trabados en los ladrillos de una columna había dos jícaras obscuras pero se movían y resultaban ser las cabezas de dos niños muy pequeños que se metían y salían a la columna (como dos chaneques). Le pregunté por el siquiátrico a la señora. Me dijo: "No. Es una muerta que no confió en su padre y se fue. El era buena gente ni siquiera acaudaló nada". Me quedé estupefacto pensando que no era un portal ni un hospital siquiátrico pobre donde abandonaban a los enfermos en el municipio. Acababa de atravesar un cadáver.
sábado, 29 de agosto de 2015

Baby Driver.
Muy interesante Baby Driver, la novela autobiográfica de Jan Kerouac, hija de Jack Kerouac. Es un ejemplo de una verdadera vida fluida en donde parece que la corriente de la vida lo es todo sin que el individuo ponga resistencias o intente dirigirla hacia alguna parte. Sin embargo, al mismo tiempo, dado que ella tiene poca formación académica y literaria, el demasiado parecido en forma y ritmo a On the Road de su padre hace pensar que alguien la dirigió y/o corrigió (o hubo u...n ghost writer) para darle el estilo Jack Kerouac. Hay testimonio de que ella dirá que no le gustaba el título pero que lo había puesto el editor...como dejando en claro que había habido en todo ello mucha mano de éste. Y en dos páginas destruye el mito del Dhama Bum de su padre al presentarlo como un viejo flojo consentido por su esposa y sus familiares viviendo en un escenario cotidiano lo más típicamente americano. Y finalmente termina rompiendo con todo el mito de la vida fluida que es la columna que vertebra On the Road y su ideología cuando no sólo le da una moraleja, una conclusión ética, sino que insiste en ella (con lo que permite pensar que no fue una inclusión del editor/corrector o ghost writer) y es que "no volverá a abusar de nadie". Según esta conclusión entonces no era sólo viajar, moverse, hacer cosas, según las tendencias, oportunidades y corrientes del momento, sino, muy explícitamente lo deja ver, usar a la gente para hacer cosas. Luego entonces ya no es el existencialismo lúdico y el azar dharmico o la simple fluidez lo que empuja esta vida (the drive, dirían los australianos).




domingo, 5 de julio de 2015
viernes, 3 de julio de 2015
Siempre que oigo hablar a l@s sociólog@s algo se me rompe adentro y me dice que no entienden nada. Se habla de regresar a los tiempos de la inocencia, pero para muchos jóvenes en la ciudad, aunque regresen en el tiempo, nunca hubo inocencia, pero sí ingenuidad. La ingenuidad con que podían usarse las palabras y hacerlas significar lo que uno quisiera porque el lenguaje también era de otros. Era otro despojo más, esa sensación que nada era de uno, más bien al contrario, absolutamente todo era ajeno y la casa era un territorio hostil con una jerarquización absoluta e irrefutable, mientras en la calle, igualmente hostil, incluso físicamente peligrosa, sin embargo, era un lugar indefinido donde había intersticios para evadir toda jerarquía sino autoridad. Al menos podía uno controlar la propia respiración y el cuerpo aunque se supiera en riesgo. Era curioso lo del lenguaje, todo se arreglaba con una palabra en su versión masculina y femenina: puto o puta. Las demás muy pocas palabras eran francamente excedentes, dispensables. Según el caso la palabra franca como una moneda, era adjetivo pero también sustantivo, interjección por supuesto, conjunción muy pocas veces copulativa porque directa o indirectamente eso también estaba mediado por el dinero o la violencia; era complemento de todo, artículo, refuerzo de pronombre y hasta adverbio. Lo significaba todo y a la vez nada en específico. Estaba ahí para usarse, a diferencia de todo lo demás, por cualquiera. Era muy claro que salvo casos específicos muy claros, no tenía la connotación sexual que hoy le quieren ver la gente de la clase intelectual; pero lo que no se escondía a sus usuarios, incluso más bien al contrario, se resaltaba, quedaba claro que por eso se usaba, era que significaba frustración y resentimiento, coraje e impotencia, tirria, el hiato fundamental que nos separaba de todo lo que nos rodeaba y al mismo tiempo el contenido fundamental de todo, la hostilidad, la ajenidad, la inaccesibilidad: todo tenía un valor o una forma de acceso inaccesible a nuestra situación específica, y aunque evidentemente se trataba de exclusión económica, se creía que era por jerarquización social, y al mismo tiempo era más por ignorancia; pero al mismo tiempo era muy fácil recibir el golpe si se hacía la transgresión. Era como un letrero pintado en las cosas y hasta en las gentes. No. De ahí se seguía de manera que parecía natural la necesidad de destruir y robar, sobre todo el equipamiento urbano y en especial las señales de tránsito y el equipamiento urbano, la necesidad de insultar a todos y provocar a los policías, que en lugar de responder desde su autoridad (cerrando el círculo de la llamada de atención al padre) y la ley y reglamentos, nos enfrentaban de igual a igual en competencia física, como se decía antes, de hombre a hombre, con lo que nos ayudaron mucho a desarrollarnos física y moralmente; y finalmente, aunque algunos se profesionalizaron y terminaron en la cárcel, el robo en pequeño era lo normal y lo entendía una ciudad que nos toleraba porque había un entendimiento básico entre quienes convivían en la calle: ninguno era dueño de ninguna de esas cosas que había en la calle, en las tiendas o los negocios; todos nos sabíamos víctimas de un despojo permanente y básico...Creo que es la situación en la que se están sintiendo los griegos respecto a esa cosa de los bancos, las finanzas, la Unidad Europea, etc. Todo esta condición me la recordó el leer lo que dicen Juncker, la directora del FMI, the economist y demás de la actitud de los griegos. Se llama dignidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

