miércoles, 21 de mayo de 2025

 De la Economía de la Violencia en la Cultura Política Mexicana.



Los científicos son ingenuos al creer que el única forma que la única forma de conocimiento efectiva es la ciencia como una tarea, burocrática, disciplinaria, regulada, evaluada, calificada y certificada por una institución. Mucha más razón tiene Fuko que entiende claramente que la sociedad es una estratificación de saberes existentes que pueden estar negados, pueden estar discriminados, pueden no tener una tradición discursiva sumamente práctica, pero que son los que construyen la vida cotidiana, la del eficacia instrumental, la del éxito, sentimental, y finalmente la del poder. Muchas veces como el huhuetlatolli si tiene formas de comunicación bajo fórmulas. Una fórmula que conocían los expertos del viejo sistema político mexicano, era el que no se podía agredir o matar directamente al líder, salvo caso extremo. Entonces, para advertirle y para debilitarlo se le privaba, se asesinaba a su personal técnico, que por la propia naturaleza de su trabajo no tiene un perfil público y por lo tanto no genera la misma respuesta, explosiva popular o colectiva que tendría como agravio la muerte de un líder. Los viejos políticos del sistema del siglo pasado tenían muy clara una economía política de la muerte. Sabían dosificar la violencia. Quien a la cárcel, incluso como rehen o en qué momento matar al líder, y cuánto salvajismo desplegar para intimidar, como en el caso de Rubén Jaramillo. El asesinato de Ximena y de José de ayer es una repetición del asesinato de los ayudantes de Cuauhtémoc Cárdenas el 2 de julio de 1988, tenían claro que no podían matar a Cárdenas, pero que lo dejaban a oscuras y sin operadores al asesinar a los jóvenes, Ovando y Gil. Se trataba de asegurar el fraude electoral. En esta ocasión parece formar parte, como lo han resaltado los periodistas de una cadena de hechos de guerra informal, que tiene por objeto evitar un hecho de la mayor trascendencia que está a punto de conseguir la 4T y qué es altamente radical contra todos los órdenes conservadores del mundo Que siempre se arrinconan en los poderes judiciales, y que para servir a toda la población necesitan ser sacudidos y renovados, como lo hicieron los liberales del siglo XIX, e incluso en un sentido contrario, como lo hizo Cedillo en 1995. La gran diferencia, por supuesto es que ese fue un cambio, no sólo desde arriba y por una sola persona, sino también desde afuera desde los acuerdos neoliberales y financieros con Estados Unidos. esta vez será de la manera más democrática posible, con todas las dificultades y complejidades que tiene una votación semejante, pero por lo mismo es de la más absoluta y grande. Importancia que tenga éxito, incluso para resistir las presiones abiertas y ocultas lo que Richard Wolf ha calificado de bullying que está aplicando Estados Unidos al nombrar como gobernador, un destructor de países y su técnico mercenario de Black Water, que abiertamente se reúnen con dos hijos de Carlos Slim y el actor representante de la corriente tromp ista en México. La amenaza por la que se viene trabajando desde la violencia importada desde Estados Unidos con los maras y con los Zetas. (recordemos que eran los gafes de Cedillo y los Marines guatemaltecos entrenados en el Fort Bragg) desde 2006, es la de generar como en los casos de Yugoslavia, de la Unión Soviética, de Libia, de Sudán de Somalia, de Ucrania, de Irak y de Afganistán, países fallidos que no puedan controlar sus territorios ni sus recursos.

martes, 15 de abril de 2025






El olvidado plagio de Vargas Llosa

ya los muchos años han olvidado un escándalo de los muchos que involucró a Mario Vargas Llosa . En algún momento de los años 80 se anunció con bombo y platillo como si fuera una gran novedad que una casa editorial de Estados Unidos le daba un contrato millonario a Vargas Llosa para escribir un libro en dos años o algo parecido. En efecto, en el tiempo estipulado Vargas Llosa entregó una novela que fue publicada, y promocionada también con bombo y platillo. Y muchos respondimos a la convocatoria en parte por un título muy interesante: “ la guerra del fin del mundo”. A mí me decepcionó enormemente, pero a mi padre le emocionó mucho, y por supuesto sufrí un gran regaño, cuando di mi opinión. Le enseñé entonces a mi padre el libro Sertones de Euclides da Cunha qué narraba exactamente la misma historia en el mismo lugar en el mismo momento con los mismos personajes, excepto uno. Vargas Llosa hizo dos cambios introdujo dentro de la novela al autor original de la crónica, que en la vida real, tal como lo cuenta Vargas Llosa acompañó al grupo del ejército brasileño que aplastó la rebelión de los Canudos en calidad de periodista y cronista. El segundo cambio que hizo Vargas Llosa fue cortar todo el estudio geográfico que presentó en su crónica original Euclides da Cunha. De hecho yo conocí el libro justamente porque se convirtió en un libro de texto para hacer estudios regionales. Cuando mi padre, fanático de la tía Julia y el escribidor, leyó Euclides, me dio la razón a su manera. Se quedó callado y no me devolvió el libro. Por supuesto que en los suplementos culturales se registró la discusión sobre si se trataba o no de un plagio, aunque la originalidad del texto de Vargas Llosa se limitaba a incluir, y de manera más bien chusca que favorable al primer autor dentro de la historia.

miércoles, 19 de marzo de 2025

 La lógica de los oscares 2025.

La lógica de los Óscares: perdió una película donde ningún personaje era bueno (como en la vida real) protagonizado por una persona trans que hablaba de la narcoviolencia y denunciaba el machismo y explícitamente la colusion de narcos y políticos mostrando la monstruosidad de ambos y a las miles de desapariciones producto de ésta (Emilia Pérez). Ganó una película donde los padrotes son paternales y no abusivos, los magnates son buenos, las prostitutas disfrutan su trabajo, los gangsters rusos son familias posesivas, sus juniors son reventados pero ingenuos, y los sicarios no son violentos: Anora. De hecho el personaje más bueno como persona es el tipo contratado para hacer fuerza, que se niega a ser violador y es un mantenido por su abuelita que es la que si trafica drogas. Me dirán que Anora ganó por la trama: la exhibición del cuerpo y habilidades eróticas de quien ganó el Oscar como mejor actriz. Pero la verdad es que En lugar de una denuncia contra el sistema, ganó toda una apología del sistema de narcos-lavado de dinero-prostitucion donde los delincuentes son en el fondo buenos de corazón y no violentos. Recuerda aquella frase irónica  de la película Cabaret: “aquí las muchachas son hermosas, los clientes son hermosos y hasta la orquesta es hermosa”. Se dijo hasta el cansancio que Emilia Pérez denigraba a los mexicanos al presentarlos como un cliché, un estereotipo. ¿Y Añora no hace lo mismo con los rusos metiéndose hasta con una ceremonia de la Iglesia Ortodoxa?

miércoles, 12 de febrero de 2025

 


Develando Tabús: la molestia por la palabra vulva cuando todo el tiempo tenemos verga en la boca.

En las transiciones mexicanas del fin de siglo claramente se han roto diversos límites “morales”. Por ejemplo, fue un hecho que desde el sexenio de Luis Echeverría Álvarez se comenzaron a dejar pasar y usar palabras antes reservadas para las entendidas como clases populares (además de las específicas de los jóvenes, como lo que muestra la literatura temprana de José Agustín). Se dejó publicar en revistas y periódicos, pero sobre todo en películas las llamadas “groserías” o malas palabras, en parte, suponemos, como parte del manejo del desahogo tras la represión del 68 y del 71 y para establecer un contraste con el moralismo mochitango de Gustavo Díaz Ordaz. Incluso se dejaron mostrar en los puestos de periódicos revistas con fotos de mujeres semidesnudas, o con fotos de desnudos en sus interiores. Y hasta en el cine hubo cierta apertura de temas con películas de financiamiento estatal como Cascabel, Tívoli, Actas de Marusia, la Casta Divina, Campanas Rojas, Bellas de Noche,  Frida (de Leduc), etc. Y ya en el sexenio de López Portillo se haría todo un género del “cine de ficheras”. Emblemáticamente con desnudos de la Montenegrina Sasha Montenegro, que luego sería esposa del mismo presidente (parte del régimen patriarcal presidencial mexicano es que las más destacadas actrices acabaran siendo amantes, o en este caso esposa, del presidente en turno: Adela Noriega con Carlos Salinas, Irma Serrano con Díaz Ordáz, Angélica Rivera con Peña Nieto, etc. -sin olvidar que se demostró que la sección del D.F. del partido se dedicaba a la trata de blancas y extorsión, y lo que se expuso del actual líder del PRI respecto a fotografiar candidatas de su partido). Cuando menos se universalizó la mentada de madre, y el uso de madre en el sentido de cosa, por ejemplo.

              Sin embargo, se mantenía cierto nivel de decoro y decencia, había límites. Por ejemplo el apelativo de buey en los 70-80 sólo los usábamos los pelados (jóvenes de barrio), aún mientras fue transicionando a güey, que era un paso más. Sin embargo, ya para los 90 las comenzaron a usar de forma normal entre las mujeres jóvenes y ahora hasta es moda de las fresas.  Pero la palabra verga todavía se dejaba ya como el último recurso, el más violento epíteto y sólo antecedente a la violencia física. Algo pasó en los inicios de siglo que poco a poco se fue desacralizando, y ahora hasta da risa escuchar a las mujeres jóvenes de todas las clases mandándose a la verga o usando el vocablo en todas sus posibles aplicaciones. En fin, que creíamos que ya se habían roto todos los límites morales respecto al uso de palabras que molestaban a las gentes educadas y de buena clase.

              Pero resulta que llega una película francesa en donde una pocha, nieta de mexicano que como varios millones de chicanos no habla normalmente español, dice “vulva”, y se arma el escándalo. O sea, si existía todavía otra palabra (¿y cosa?) tabú inmencionable (sobre esto les recomendaría un pasaje de la novela Paraíso de Lezama Lima, donde para desvirgar a su novia un joven de buena familia tiene primero que hacerle un hoyo a una camiseta). Basta ver a mujeres poetas galardonadas, a tiktokers, podcasters y conductores de radio y televisión, diciendo que todo se habría arreglado si en lugar de decir vulva, hubiera dicho como toda mexicana o mexicano vagina, o en su caso hubiera usado los mexicanos modismo de panocha o semejante, o escribiendo pudorosamente vulve en textos escritos, y hasta se disculpan por tener que decirlo o escribirlo. ¡Vaya!, ¡todavía tenemos tabús!. Pero las personas que piden perdón o se avergüenzan por usar la palabra, llevan el problema a un nuevo nivel, le dan otra vuelta a la tuerca: Vulva es la palabra adecuada y que usa cualquier persona psicológicamente madura para referirse a los órganos sexuales femeninos que son el asiento básico del placer (no el único, por supuesto) del placer sexual en la mujer. A diferencia de la vagina, que es un órgano interno y secundario en relación al placer (o sea que al referirse a la vagina implícitamente se exhibe una relación problemática con el placer). Y lo mismo pasa con Verga, en lugar de la metáfora náutica, el nombre del órgano sexual masculino es pene. Justamente, una persona sana respecto al sexo, al cuerpo y demás no debería tener problema de llamar las cosas por su nombre (aunque en momentos de diversión, insulto y demás pueda usar cualquier palabra). Y por lo tanto no tendría que escandalizarse por escuchar la palabra en una película. Audriard, que ha vivido temporadas en México, demuestra que conoce tan profundamente a México que sabe que usar vulva y la canción de cambio de sexo iban a escandalizar a las mentalidades inmaduras que ya desde los años 50 habían denunciado y explicado autores como  Samuel Ramos y Octavio Paz, entre otros.

              Cabrón Audriard nos ha llevado a romper otro límite. ¿A dónde vamos a llegar?


lunes, 21 de octubre de 2024


 El Sistema ahora es digital.

Ahora para publicar en una revista primero tienes que registrar, o que significa dar todos tus datos a su base de datos, que a la vez pertenece a la plataforma que le administra el software de registro. Incluso hay un registro general que te da una clave para usar en todas las revistas. No se te publica sino entras a ese registro. Regustrarte significa darle acceso a esas empresas a toda tu información. Es lo mismo que un censo medieval: quedas adscrito y subordinado a un registro que monetiza tu información. Todo lo que escribes en una computadora es de ellos y les produce ganancia. Ya sea indirectamente vía internet y sus plataformas (meta, x, tic toc, Google, linkedin, etc.) o directamente por el registro de quien ya no te vende sino que solo te renta un programa informático (office, Microsoft) y además si trabajas en una cuenta o correo de tu empresa, todo lo que escribas o subas pertenece a estas, que en cualquier momento te pueden negar el acceso. Y negarte el acceso hoy a internet por ejemplo, significa negarte la posibilidad de hacer trámites de gobierno. De hecho, si no puedes entrar a la red, ya dejas de ser ciudadano (ni escuela, servicios médicos, becas de alimentación, pago de impuestos, pensión, etc). Te prometen además un acceso a la información y contenidos globales pero todas las plataformas están “artificialmente” seccionadas según tu “región” o país de origen. De esto habla Varoufakis cuando describe el sistema actual, pseudo liberal (neoliberal) como tecnofeudalismo. Por eso como dice Franco Berardi, la utopía ahora, es desertar de todo, tal como los siervos huían a la libertad de las ciudades. Pero ahora las ciudades, como Gaza antes del actual genocidio, son meros campos de concentración como el guetto de Varsovia.

miércoles, 31 de julio de 2024

¿Como no desconfiar de la Inteligencia Artificial si el mero auto corrector de textos de todo programa (word, etc.) o plataforma (Facebook, etc) te cambia o completa palabras que él considera las adecuadas y que si no vuelves a revisar hacen el texto inteligible o le cambia el sentido, la idea a lo dicho? Ahí ya hay un acto de decisión que es tergiversación y censura de parte de un algoritmo que te dice: lo que usted quiso o debió decir en realidad es esto otro, y cambia sin preguntarte lo que escribiste. Ni siquiera Orwell se atrevió a proponer eso para la censura de 1984. Ahí y en la película Brasil, la censura era ex post, a posteriori. El auto corrector de palabra lo hace en el mismo momento en que escribes. Y existe, el segundo momento de todos los seres castrados, auto reprimidos, que lo único que buscan es adaptarse a lo que “es” y frente a toda objeción, justifican la imposición o le cargan la culpa al propio usuario (a sí mismos) y argumentan legitimando la sin razón de la imposición (escuchan a “la razón” y no al razonamiento, ven las cosas como cosas y no como procesos, creen que lo que existe es natural y no fue creado impuesto por alguien en algún momento como demuestra Nietzsche). Me decía alguna vez un amigo filósofo: “es que tienes problemas con la autoridad”. Sin pensar respondí: “si no tienes problemas con la autoridad no eres algo diferente a ella, no eres nada o cuando mucho una extensión de la misma. Pero además, si no eres parte de la autoridad o una autoridad, eres un estúpido  que se cree lo que no es”.

Pero regresando a la IA, el nuevo nivel de ésta supone la capacidad de elegir y decidir en procesos internos no visibles ni evidentes al usuario, y que vayan más allá de lo que recibieron de programación. De hecho lo que se busca no es solo una toma de decisiones autónomas de programador y el usuario, sino al hablar de “autoeducación”, se está hablando muy entusiasta mente de auroprogramación progresiva que va ocultando y haciendo obsoletas las programaciones iniciales, con lo que desaparece todo objetivo o sentido humano que le hubiera podido imbuir el programador original. Se vuelve una metáfora análoga al problema del libre albedrío para quienes creen en dios, ¿por qué si Dios es bueno, no todos somos buenos?, este dilema lo presenta muy bien John Steinbeck en su novela Al Este del Paraíso, demostrando que al humano lo caracteriza la caoavudad de romper, crear, decidir sobre una base amplísima de posibilidades (aunque encierra su vida en una serie de opciones limitadas por su contexto, sentimientos, información, horizonte y capacidad  de imaginación, acción, o sometimiento a ideas como la religión, o a sistemas (como los laborales y de sustentación), que justamente no podrán tener las computadoras o algoritmos que no tienen necesidad de alimentarse, de sentir satisfacciones, placeres, dolores o afectividades, o para quienes como bien lo muestra John Carpenter en Terminator I: la vida no es necesaria. Y como lo decidieron los nazis “lo irracional, defectuoso o diferente”, tampoco. Si Lenin pidió todo el poder a los consejos (soviets), el llamado de la IA es “todo el poder a los softwares”.

sábado, 6 de julio de 2024

 


Vasija de Jade

Estaba en el comedor parado junto a la mesa. Sin razón alguna volteé hacia la izquierda y la puerta de la cocina estaba abierta, pero se veía muy oscuro. Apenas reconocí que un amigo mayor que yo estaba parado ahí, con sus lentes y su chamarra de costumbre. “Pasa”, le dije, “Qué haces ahí, cuándo llegaste”. Entró al comedor sin decir nada. Le comenté “justo acabo de ver a tus dos niños”, pero al mismo tiempo pensé en silencio: “¿pero que no eran niñas?”. Siguió medio sonriente pero sin hablar, pensé que siempre había tenido que buscar tema de conversación y que siempre hablábamos de su trabajo que era muy interesante en una institución pública, de hecho era nuestro único tema. Recordé que hacía mucho que no lo veía y no sabía qué hacía. Por precaución no quise preguntarle si seguía en el mismo trabajo, mejor pregunté: “¿Qué has estado haciendo en el trabajo? Pero al mismo tiempo me acordaba que ya había muerto. Y él se giraba y salía por la puerta de la sala. Pensé que qué interesante, que tendría que repetirle la pregunta sobre que había estado haciendo este tiempo para saber que hacen del otro lado, qué hacen los muertos. Lo seguí a la sala, pero ví que en medio de ella había como una división translúcida el otro lado más obscuro, como la cocina. Pensé que si pasaba esa división iba a dejar de verlo, así que caminé con cuidado mientras le hacía la pregunta. Pero él avanzó y se acercó a una vasija verde muy bonita, de mediano tamaño con adornos dorados. Y que al pasar detrás de la vasija sólo le veía la mitad del cuerpo, por ahí pasaba la división translucida. Al tratar de alcanzarlo viendo la mitad, me daba cuenta de que yo mismo quedaba a la mitad de la división viendo la vacija de manera repetida, como si fueran dos, uno de cada lado y que el estaba también al mismo tiempo en cada lado, hasta que pasar detrás del jarrón verdadero o material o real, lo dejaba de ver y yo mismo cruzaba la división y volvía a estar solo. “¡Chin!”, exclamé, “¡Acabo de perder una oportunidad única de saber que hacen para pasar el tiempo del lado de la muerte!”. Y me sentí fracasado como investigador por haber desperdiciado mi única pregunta.