jueves, 5 de marzo de 2026

El trágico caso de Kymberly en la UAEM exhibió un rasgo general profundo de nuestras actuales autoridades universitarias subyacente en todas sus acciones y políticas.

  1. al reaccionar tarde demostraron que en realidad la seguridad de las personas no les interesa. Hablan todo el tiempo  de comunidad pero no tienen sentido ni entiende de qué se trata ésta.
  2. Su reacción de no actuar como autoridades sino de querer presentarse tardíamente como víctimas, reclamantes y organizando manifestaciones oficiales separadas de las de la familia y estudiantes o expresando tardíamente su solidaridad se parece mucho a las reacciones de los psicopatas, que al no tener un impulso empático natural, solo miman lo que creen que debería ser la respuesta natural. No son psicopatas simplemente solo les interesa mantener su puesto y jerarquía, su superioridad sobre la comunidad general a la que desprecian. Son egoístas, mezquinos y narcisistas. 
  3. Las reacciones, como meramente responder con argumentos jurídicos o legales defensores de una supuesta normalidad son otra muestra de su falta de solidaridad humana y empata con una actitud y política en todo trámite y evaluación escolar y de desconfianza y maltrato a todo estudiante, maestro e investigador. Vivimos en las universidades una verdadera dictadura de los administrativos sobre los académicos. Argumento administrativo o jurídico mata argumento académico, científico o pedagógico.  Y aunque para evitar la generación de una clase administrativa se les obliga a mantener sus actividades académicas, vemos que campea la simulación con adjuntos que dan clase y gracias al SNI proliferan los ayudantes que trabajan fuera de las condiciones laborales y académicas. En particular el nivel III del SNI legaliza la condición de semiesclavitud que se ofrece como escalón de la carrera académica cuando en realidad es un callejón sin salida, y en casos que conocemos facilita la extorsión sexual.